Toda existencia nos
hace cucaracha.
Se van los
transeúntes a la hora imprecisa
derramando su vapor de nostalgia. Al menos cada sensación no sucede más que por
intervención de uno mismo, queda afuera la afirmación “Aquel objeto regenera en
mí cierta sistematización emocional” Todo sucede opuestamente, los objetos son
quienes sufren nuestras desgracias, más de quinientas veces son acusados,
culpables de todo vacío constituido por una energía magnética de carácter raro.
<Los pasos a la ligera, en esta esquina, me han
destituido de mí. Me conozco en lo desconocido. Puedo nombrarme como un
desconocido, siendo parte de una gran masa acelerada> Adsson frotó con los índices la frente de su rostro y seguidamente
barnizo la palma de la mano con sudor. Seguidamente el agua transparente se
comprimía en la piel aterrorizada por la alta temperatura. Esta se hace más
notable en la urbe, los grandes pasos de la humedad cristalizan el estado de
ánimo en una especie de túnel. En un túnel sin reencuentros y platicas, sin
huellas y armonías, en él existe un solo puntapié y cada vez que se aproxima a
la luz en lo infinito, una vasta desesperación jacta al cuerpo por encima del
suicidio. Las venas se ensanchan ilusoriamente y la sangre sale al exterior,
ahogando al hombre en su propio glóbulo hermético y enfermizo. <Pues, claro, ni un dialogo o un
intercambio de saludo ¿Para qué? Dime ¿Para qué? Si todo pensamiento se
materializa y una pronta descarga deviene configurando el entorno. Y no temo materializar las difuntas sensaciones que me aíslan a
estar en plena desazón, por lo
contrario, el entono, este conjunto nuevo de cualidades podría hacerse más insoportable
al anterior y es entonces, que terminaría suicidándome. Porque todos somos suicidas andantes, muertos
por dentro, y persuadimos a los demás adjuntando con nuestra carne la dicha. El
ojo ajeno cree que estar en pie, es el sentido permanente. Y lo ve en la medida que
verifica nuestras acciones como símbolo de ejecución para alcanzar obstáculos> El hombre calvo poseía un gran capital,
en primer lugar un mecanismo nauseabundo y en segundo plano seis letras. Lo
recientemente dicho se debe a la descompostura
producida por el único hecho de ejercer diferentes pensamientos, de
sentir y precisar imágenes al vacío y lo otro a la condición de ser nombrado
por una elección impropia, paternal. Adsson cada vez que era mencionado por su nombre, no sentía más que un llamado extraño y observaba para sus costados tratando
de encontrarse ante la perplejidad. Había dejado de ir a varios lugares y sentenciaba no volver más,
por el nimia razón de que le dijeran “Adsson”
< ¡Basta!> Dijo en la última oportunidad para sus adentros y el sistema
nervioso le colapso < ¡Mi nombre es
una elección arcaica, un sometimiento de
cuando, aún, no era consciencia que digiere
toda demanda exterior!>
Por lo pronto, todo hombre es sometido
en su quehacer, en la nación y en otros recintos que a veces no visibiliza.
Todo hombre es un sometido que hace su elección en el marco del sometimiento, y
en cada ocasión busca salirse, escapar en una dimensión ya con límites, fantasmagórica
de normas. Nadie sabe y tiene control, el tiempo es lo insuficiente, la
angustia del no poder realizarse a gusto. Uno se desarrolla en un espacio
restringido y tendrá que abarcarlo todo, hasta sucumbir en una burbuja eterna.
Suele ocurrir con empirismo que, frecuentar
y salir a la calle se vuele una oledera
de genitales. Lo mismo puede decirse cuando se topa enfrente a un
espejo. Uno en las relaciones no hace más que remitirse, todo elemento o cosa
que nos refleje invade el bienestar, y la imposibilidad de no hacerlo se
frustra. Causa a que somos una pura
plenitud encontrada en la relación y en el espejo. El infierno está aquí mismo, el infierno me
habla de mis desgracias, el calvario son los otros y la muerte el estar sujeto.
Adsson inevitablemente convivía, nunca negó no realizar esta maldita encomienda
otorgada por los seres humanos. Los muebles de su apartamento se personificaban
y tomaban vida, respiraban, decían y dormían. Quizá era por eso que no tenía
espacio para caminar, ni siquiera para hacerse de comer. Cada madera que constituía
los objetos eran un órgano, una pieza del cuerpo humano. Él daba hincapié a los
temas de conversación y de ese modo se vaciaba y resistía a su especie. < ¿Qué
hubiese sido poder fecundar junto a otras especies? >Decía contemplando de
reojo a la mesada, mientras, los bigotes
se movían junto con su risa. La mesada no respondió, él presentía que si lo
hacía. En hora de la madrugada los vecinos despertaban exaltados por sus
gemidos, al otro día amanecía bañado en sudor y las sábanas forcejeaban contra
su voluntad. Desde una temprana edad Adsson quiso estar en un manicomio, que
muchas personas se encargaran de proteger su sensatez. Y fue allí donde murió
una noche después de comprender que los “Locos” son quienes en una escasa
porción de tiempo asumen la imposibilidad de existir. Actualmente una calle de
la ciudad de Frankfurt lleva su nombre.
Hasta ahora nadie ha transitado por allí y todos los pájaros que lo hicieron
fueron hallados sin ojos. Las alas
colgaban de los cables de luz y se secaban y caían.
Bernabé De Vinsenci
No hay comentarios:
Publicar un comentario