El hombre en ningún tiempo persiste
limpio, o íntegro, de aquí nace la rebeldía, nuestras palabras interponiéndose a
la divinidad ornamentada. El ser se inventa y desbarata, tan simple es su
naturaleza como la forma de la nube: Hoy amorfa, ayer un Cupido y mañana
tragada por el sol. El garabato, tan borroneado y las otras líneas de allí
persistentes a su desaparición. El pigmento indescifrable con su atropello a la norma y así, sucesivamente proclamado
el individuo su desorganización. De lo contrario: ¿De qué valdría tocar
a una obra acabada? Y vale añadir la severa certeza de que nunca finalizan,
aún, cuando se cree darle el último retoque. El parentesco dificulta, hace que
nuestras líneas se parezcan a las de ellos y de este modo se torna un globo
símil, de bostezos y saturado a las nimiedades. Punza la rebeldía en su estado
pragmático, pero más daña idealizada en un supuesto lenguaje.
Siempre hemos presumido, añorado más
los pensamientos que los hechos en sí mismos. Y sin ir más lejos el rebelde ha
sido el vago sumiso, quien se destino ante los refugios de la liberación: De
nada sirven los actores, sin actuar, en
una escena por actuar.
Bernabé De Vinsenci.
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