domingo, 9 de diciembre de 2012


El hombre en ningún tiempo persiste limpio, o íntegro, de aquí nace la rebeldía, nuestras palabras interponiéndose a la divinidad ornamentada. El ser se inventa y desbarata, tan simple es su naturaleza como la forma de la nube: Hoy amorfa, ayer un Cupido y mañana tragada por el sol. El garabato, tan borroneado y las otras líneas de allí persistentes a su desaparición. El pigmento indescifrable con su atropello  a la norma y así, sucesivamente  proclamado  el individuo su desorganización. De lo contrario: ¿De qué valdría tocar a una obra acabada? Y vale añadir la severa certeza de que nunca finalizan, aún, cuando se cree darle el último retoque. El parentesco dificulta, hace que nuestras líneas se parezcan a las de ellos y de este modo se torna un globo símil, de bostezos y saturado a las nimiedades. Punza la rebeldía en su estado pragmático, pero más daña idealizada en un supuesto lenguaje.
Siempre hemos presumido, añorado más los pensamientos que los hechos en sí mismos. Y sin ir más lejos el rebelde ha sido el vago sumiso, quien se destino ante los refugios de la liberación: De nada sirven los actores, sin actuar,  en una escena por actuar.

Bernabé De Vinsenci. 

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