lunes, 17 de diciembre de 2012



“yo no sé, inexcusablemente subyace cierta sospecha en mí sobre los organismos, una especulación nada favorable,  por cierto ridículamente curiosa. Callados son una masa interiormente tibia y a la vez un torrente de meneos. Los glóbulos yendo y viniendo, con empleo mecánico,  sin  apelación de  alguna legibilidad.  Tan asombroso es el cuerpo verificado en especificidad que hasta se podría afirmar que se descubre constituido en pequeños núcleos  inhumanos”. Manuel  situado a no más de tres metros de distancia vendrá, lo sé y lo inicial que hará es formular con su hosco tono una mañera interrogación. Con anticipo no sabré qué  confesar. Lo modesto no es su aspecto, sino mí fase de meditación que tiene déficit ante la magnitud energética de su vivencia en concreta relación conmigo. Si tuviera la ayahuasca en mis poderosas manos le diría que se marche, o que se tire de un precipicio. ¿qué haces aquí? Fue lo primero  que  expresó- “lo idéntico que usted hace, existir “Pensé—“a diferencia de usted que se da el contento de silbar a un símil, con la amplia diferencia que yo no escupo el pie ajeno por antojo”. Debo Marcharme-respondí en tono seco y a la ligera-¿y a dónde?- no lo sé, hasta luego-mi partida no hizo más que definir ausencia, el paso evacuaba un fonema de esta misma palabra. Las ancianas del bar Harry Pason, en  la vereda de enfrente,  no dejaban de introducir en sus pláticas de té, los hechos sucedidos y que sucedían de la paja ajena. -Son doñas omnipotentes - decía José, un viejo cocinero –todo lo obtienen en sus charlatanerías, lo piadoso y lo malo-.
“la necesaria aislación es propicia para el sujeto, si el lenguaje es una enfermedad, tenerlo demasiado tiempo al alcance se vuelve perjudicial. Y la timidez no es más que el nombre de esa manifestación”. De vez en cuando, me digo: ¿será mucha la contaminación sonora en consecuencia de este aislamiento latente? ¿o la saturación de nuestro oídos ante todos los bullicios? Eran demasiadas cosas en la calle para detenerme a pensar, ruidos, respiraciones, eructos al mismo tiempo. Estaba satisfecho de poder haber huido de Manuel. ¿quién  era para aparecerse y sondearme si apenas somos puramente conocidos de la calle? Quizás le intrigaba mi soledad, un celoso de no poder estarlo. Al cabo, todos gozamos de recelos por la piedad del otro, no es apto ser uno, la impaciencia obstinada quiere abarcarlo todo, y saldamos deduciendo que no hemos de ser nadie-Más que una forma inorgánica en constante desviación, al creernos  definirnos en alguna forma nuestro temperamento avasalla sin compasión. Y deambulamos como ratas babeados en la desesperación. La ciudad así como se la ve, hoy día sin nombre, tan apolillada  en lo desconocido, no es más que el reclutamiento de los demonios, los hombres aquí se han visto amaneciendo en un calvario poco convincente y de este modo han osado barnizarse en el áspero infierno. Los cadáveres llevan sus cuerpos exterminados, masacrados por el empirismo de la existencia.
“Absorbido en el silencio no quiero entrecruzar una mísera palabra, las cosas me llaman, forjan su presencia para que las objete, mi victoria está dada de antemano. Las supersticiones son sacáramos del abandono.  Un delirio del deseo de compañía” En mí frente un parque abre su boca de laguna, los caminantes del lugar no la prueban  más que con su furtiva mirada. Si yo me lanzase a él, daría comienzo a una nueva jornada, sin embargo éste sitio, el  purgatorio persuadió hasta mis uñas y la piel que se trepan por ellas. ¡Ah! Largo un gemido como un trueno de tormenta súbita ¿quién me escucha si nadie me ve? ¿sólo el eco de mí, alarmado? tardíamente comprendí: si el eco pulsa y perpetua en la angustia, el síndrome de incomunicación esta en nosotros.
El cielo se descarna, siendo las nueve de la noche y las nubes aúllan, la aniquilación de la lluvia pronto comenzará. Lo notable del clima esta en las huidas de las personas, ninguno ha quedado. Finalmente estoy en compañía. Caen las primeras gotas, y mojan a todo por igual, no existe la salvación. Doy dos arcadas, prendo un cigarro aunque sea imposible. Las gotas se organizan  para el suicidio en una mutación de viscosidad. Con beatitud las custodio.


Bernabé De Vinsenci

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