el secuestro del despierto
no contuvo
y contendrá
en su catre: telas de calcio
que rehacían un cadáver
en solapas de cenizas-
7:00 am: tiempo de
encender mi partida
y
fumarla hasta
haber llegado con el ataúd
allí residirán
todos, menos yo
con el saco del cuerpo a puesta
alborotado por agrias
osamentas-
¿y que serán todas las refutas usuales,
un utensilio para no estar?
¡cobarde!-sostienen todos
para suspenderme en los pasillos
de los juramentos, más de una vez
especulé: -el único cobarde es Dios
quien se esconde detrás del cielo.
jamás ha salido y nunca lo hará-
“la envergadura del celeste
es la hipocresía de la fe”
en el marco de los
postigos
una voz proviene: ¡monedas!
¡monedas! indicando un ciego,
me levanto, voy hacía él
y tiende sus dedos
para maniatarme y arrojarme
desde las alturas.
“si todos supieran
de este espacio temporal”
nadie se atrevería
a entrar en él.
Bernabé De
Vinsenci
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