lunes, 7 de enero de 2013


el secuestro del despierto
                             no contuvo
                             y contendrá
en su catre: telas de calcio
                      que rehacían un cadáver
                      en solapas de cenizas-  
7:00 am:  tiempo de encender mi partida
                 y fumarla hasta
                  haber  llegado con el ataúd

             allí residirán todos, menos yo
con el saco del cuerpo a puesta
alborotado  por agrias osamentas-
¿y que serán todas las refutas usuales,
un utensilio para no estar?

¡cobarde!-sostienen todos
para suspenderme en los pasillos
de los juramentos, más de una vez
especulé: -el único cobarde es Dios
quien se esconde detrás del cielo.
jamás ha salido y nunca lo hará-
“la envergadura del celeste
es la hipocresía de la fe”

en el  marco de los postigos
una voz proviene: ¡monedas!
¡monedas! indicando un ciego,
me levanto, voy hacía él
y tiende sus dedos
para maniatarme y arrojarme
desde las alturas.

“si todos supieran
de este espacio temporal”

nadie se atrevería
a entrar en él.


Bernabé De Vinsenci 

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