lunes, 7 de enero de 2013


-¿y para qué mierda haces poesía?-
-medité-
-dejá que responda por vos, pibe-prosiguió- seguramente por ilusión a creerte que vas a llegar a algo con esto ¿por qué no elegiste ser abogado? se gana más guita…
reí y guarde el silencio.
-esto es una moda-siguió- un lujo “el hastío del verano” y ya se piensan Rimbaud. Es normal, después caen en la cuenta de cómo es todo y terminan por el camino correcto. Yo nunca pensé en escribir, siempre imaginé que eran cosas de la burguesía o algo por el estilo….
Darío llevó su jarra a la boca y miro hacía los costado. era lógico que estaba algo confuso, dar consejos no es cosa fácil. uno dice lo que no tiene, o lo que no ha hecho y de ese modo rearma los dictámenes.
Darío-le dije
sí-
¿sabés por qué no te digo nada?-
¿por?
 porque te comprendo, sos un viejo de fama barrial que asusta con esos bigotes amarillos. es frecuente que el peso de tus años sobre los míos, me lleven a escucharte y escucharte. sin embargo esto no dice que yo acepte todo lo que digas.
el viejo quedo penetrándome.
 uno no elige escribir por estar en las míseras bocas de todos. me animaría a decirte que escribir es un oficio. pero, no el oficio de un electricista o un gasista. cosa que usted hubiese esperado que le dijese. me decidí a escribir para no ser tan ordinario como usted. yo me siento, pongo tinta en mi boca y la escupo en el papel y ahí aparece usted, improvisando, yendo de acá para allá, tan torpemente y a solas me rio sin que usted se dé cuenta, brotan las risas. usted cree que voy a ganar mujeres- carcajeé , todos los demás clientes  miraron a nuestra mesa- para nada compañero. a su edad es normal que le miren el culo a las pendejas, y en la noche no sé que hacen, si se masturban o se duermen con la imagen en la cabeza. de principio me dieron ganas de sacarle la cabeza y tirarla en el lago de enfrente, a fin de cuentas la costumbre de ver gente como usted me retuvo, uno más que la va hacer. ¿quiere saber porque escribo? ni siquiera ebrio se lo diría, podría ser que se vuelva loco de no comprender cada detalle. perdón me arrepentí, se lo voy a decir. voy a contestar lo que usted piensa, escribo para perder el tiempo.
me levanté, deje treinta pesos .
-diez son para el mozo. ¿ trabajó de mozo alguna vez?
-no-
-miseria le pagan-
tomé la puerta principal y salí a la urbe. Darío se quedó con los diez pesos  y cautelosamente se los llevó a sus bolsillos.

se consoló dando el último trago
-tenías razón, pibe-

Bernabé De Vinsenci




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