-¿y
para qué mierda haces poesía?-
-medité-
-dejá
que responda por vos, pibe-prosiguió- seguramente por ilusión a creerte que vas
a llegar a algo con esto ¿por qué no elegiste ser abogado? se gana más guita…
reí
y guarde el silencio.
-esto
es una moda-siguió- un lujo “el hastío del verano” y ya se piensan Rimbaud. Es normal,
después caen en la cuenta de cómo es todo y terminan por el camino correcto. Yo
nunca pensé en escribir, siempre imaginé que eran cosas de la burguesía o algo
por el estilo….
Darío
llevó su jarra a la boca y miro hacía los costado. era lógico que estaba algo
confuso, dar consejos no es cosa fácil. uno dice lo que no tiene, o lo que no
ha hecho y de ese modo rearma los dictámenes.
Darío-le
dije
sí-
¿sabés
por qué no te digo nada?-
¿por?
porque te comprendo, sos un viejo de fama
barrial que asusta con esos bigotes amarillos. es frecuente que el peso de tus
años sobre los míos, me lleven a escucharte y escucharte. sin embargo esto no
dice que yo acepte todo lo que digas.
el
viejo quedo penetrándome.
uno no elige escribir por estar en las míseras
bocas de todos. me animaría a decirte que escribir es un oficio. pero, no el
oficio de un electricista o un gasista. cosa que usted hubiese esperado que le
dijese. me decidí a escribir para no ser tan ordinario como usted. yo me
siento, pongo tinta en mi boca y la escupo en el papel y ahí aparece usted,
improvisando, yendo de acá para allá, tan torpemente y a solas me rio sin que
usted se dé cuenta, brotan las risas. usted cree que voy a ganar mujeres- carcajeé
, todos los demás clientes miraron a
nuestra mesa- para nada compañero. a su edad es normal que le miren el culo a
las pendejas, y en la noche no sé que hacen, si se masturban o se duermen con
la imagen en la cabeza. de principio me dieron ganas de sacarle la cabeza y
tirarla en el lago de enfrente, a fin de cuentas la costumbre de ver gente como
usted me retuvo, uno más que la va hacer. ¿quiere saber porque escribo? ni
siquiera ebrio se lo diría, podría ser que se vuelva loco de no comprender cada
detalle. perdón me arrepentí, se lo voy a decir. voy a contestar lo que usted
piensa, escribo para perder el tiempo.
me
levanté, deje treinta pesos .
-diez
son para el mozo. ¿ trabajó de mozo alguna vez?
-no-
-miseria
le pagan-
tomé
la puerta principal y salí a la urbe. Darío se quedó con los diez pesos y cautelosamente se los llevó a sus bolsillos.
se
consoló dando el último trago
-tenías
razón, pibe-
Bernabé De Vinsenci
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