lunes, 1 de abril de 2013



El hombre y la sociedad


                                     Trayendo al presente al filósofo Francés Jean Paul Sartre (19051980) quien decía: “La libertad de uno es también  la libertad de los otros”. Podemos señalar que históricamente a través del proceso  capitalista y los  múltiples regímenes autoritarios mundiales,  el hombre-cultural ha venido atribuyéndose a lo largo del tiempo un conjunto de valores canónicos. Es necesario agregar dentro del siglo XX el fascismo, y quizás deberíamos detenernos  y tomar a  éste, como eje fundamental que causó la  “crisis del hombre”, aún propagada en la actualidad. Al afirmar que el fascismo se encuentra  propagado en lo hombres actuales. Existe una razón para ello, y tiene que ver con el deseo de la  -no-integración -y -la imposibilidad de resolver problemáticas socioculturales en conjunto-.  Éste, puede ser o es, el primer factor para que las sociedades se desarmonicen y establezcan una dicotomía quedando cada uno de los bandos enfrentados.  Entonces, pongamos énfasis a un tipo de “ser crítico” liberador. Sin embrago el –ser crítico- no es aquel que crea sus elecciones a partir de ciertas conveniencias que le favorecen. El “ser crítico” es entonces quien está comprometido con el resto, el que elije a partir de las consecuencias, no sólo en las que le pueden tocar a él, sino a los demás.  Éste sujeto al que denominamos “ser crítico” dispone de la capacidad de “autonomía”,  de darse a sí mismo un espacio en el cual “repensar significaciones”  para poder al fin dar actividad, y romper las subjetivaciones en las cuales se encuentra sumergido.
 Pesémonos a partir de la colectividad, del mismo modo que lo hicieron las clases populares, con el fin de abolir a los regímenes fascista. En este siglo hay formas de pensar que corresponderían a estar resuelta, pensadas para eliminar determinados valores,  que parte de la infame historia nos impuso a través de la violencia y sus instituciones.
Más allá de las políticas que corresponden a nuestra nación, existe para la homosexualidad-calificación del poder-, por parte de la sociedad “una negación antela  identidad sexual que tiene el hombre y su posibilidad de elegir. Quienes  niegan esta identidad sexual,  son aquellos hombres súbditos de la historia, que aún con tanta circulación de información, no puede hacer desaparecer un conjunto de valores arraigados. Primero: los del dogma de iglesia católica (Institución que avalo al poder) y segundo: las de las grandes etapas autoritarias, tanto nacionales como europeas. Si poseemos la posibilidad de discutir en este sistema democrático disfrutamos el debate, tratemos de resolver colectivamente los conflictos históricos-culturales, y no hagamos de la democracia un régimen autoritario ejercido por la misma sociedad.

Bernabé De Vinsenci 

No hay comentarios: