Mordí colillas,
gotas de aguas turbadas
y ácidos segundos de una sombra estirada.
Averigüé,
aclaré y sudé: ¿Cuánto más?
A
letras, llegué y hablé con el papel
¿De qué?
Ahí nada se podía escribir:
tinta
podrida y eterno mutismo.
Preferí,
y decidí sobre la tumba
de la elección:
entre
las ruinas
siempre
hay algo por hacer.
Bernabé De Vinsenci
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