martes, 6 de agosto de 2013



La sujeción plena



Dos órganos, dos curvaturas corpóreas semejantes pero a su vez antagónicas. El cuerpo-niño, el cuerpo que deviene vida-desnuda, mistificada, extraña a su propio hábitat: lo biológico insoportable, cuantificado en sus movimientos. No es el hombre más que una constitución orgánica-ajena, cada parte es un todo impuesto desde la eugenésica, por lo tanto la imagen-semejanza, el cuerpo frente al poder queda al desnudo como residuo de un campo al cual no puede escapar.
El púber representa, simboliza el inicio de la metamorfosis, la etapa aún no-mutación y sin embargo convive con los lazos mutantes, con el devenir cuerpo-impropio. En razón el campo tensionado, mantiene a los individuos en un estado misógino, de bipolaridad-exterminio, desmantelado de la relación-corpórea, relación-vida que alguna vez fue. El hombre se vuelve productibilidad eugenésica, un cuerpo insoportable deseante de la auto-destrucción.



Bernabé De Vinsenci





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