REFUGIO EN ALEMANIA
Se miro al espejo, algo totalmente diferente que el
reflejo del agua. Su rostro y cada parte de su fisonomía se distinguían
claramente como el como los modales de un hombre y una mujer. La lámpara de la
habitación estaba encendida desde hacia un largo tiempo, algunos insectos la
rodeaban por el calor que emitía. Hacia
tres días que nadie lo visitaba, era un sujeto, un extraño que se sentía olvidado por un entorno que aunque estuviese
ausente aun se acordaban de el. La puerta de entrada estaba intacta como la
había dejado el domingo por la noche después de recorrer la plaza. El domingo
había sido un día de viento y la ciudad se encontraba solitaria, esa había sido
la causa de su salida.
El viernes se cumpliría el mes de su separación con
Anny. El día anterior habían discutido y
a la tarde siguiente ella le pidió un tiempo. La ventaja era que no habían
tenido hijos. Eso asía que la casa se sintiera solitaria. El
desorden, mal olor y los cigarrillos eran parte de su cotidianidad. En la
segunda habitación sobre unas de las mesas de luz quedaba un portarretrato de
ellos juntos.
Hacia tres día que no levantaba el periódico. Las
informaciones eran devastadoras.
Al salir del espejo se encontró con la cocina de
inmediato. Los platos sucios de varios días, eran molestados por las moscas.
Entre el desorden busco un encendedor para prender su último cigarro. El humo
rodeaba todo el espacio y decoraba el ambiente.
Encendió la ducha. El agua tibia recorría su cuerpo
ansioso de ella. Las capas de suciedad sobre los poros se limpiaban lentamente.
Eran las diez de la mañana, el sol entraba lentamente
en la habitación, donde se encontraba vistiéndose. Era un ser diferente, la
enorme barba lo hacia otro.
Después de realizar los pequeños hábitos cotidianos,
se sentó a leer el periódico.
La noticia general del lunes decía: “Alemania intenta
entrar en el lugar menos deseado para Rusia”, después de leer el titulo del
diario cruzo sus piernas y acariciaba la parte inferior de su mentón, mientras,
observaba cada una de las paginas atentamente. Al termino de leer el diario del
lunes se levanto para preparase un café. Tomo unas de las tazas sucias la
enjuago y se sirvió. Lentamente volvió a la silla con su café en la mano. Busco
el periódico del martes y otra vez leyó el titulo que decía: “Rusia ataca,
Alemania se ve comprometida”. Al término
de leer la noticia, dejo el periódico estremecido y observo por la ventana como
los soldados marchaban a ritmo. El mundo estaba conmovido a causa de la segunda
guerra mundial. Varios judíos habían sido aniquilados y el país donde se
encontraba esperaba apoderarse del mundo entero.
Su cuerpo empezaba a transpirar, se inquietaba, en
cualquier momento podrían abrir la
puerta y la situación limite de su vida seria su nueva alma. Entendía a Hitler
como un demente, alguien que no encontraba su propia libertad entonces debía
dirigir esa inquietud ante alguien. Ahora no importaba el desorden, Anny era un
mujer extraña y Alemania un error. El pueblo necesitaba sumisión ante alguien no era responsable de su propia
libertad y el nazismo ante esto aprovecho la oportunidad, empezando por el
obrero.
El tiempo no pasaba mas, el reloj era innecesario un
objeto de administración para la estructura. Estaba sentado sobre la mesa
mirando el techo que no le transmitía ninguna respuesta. Se preguntaba ¿De que
me sirve la existencia? aunque ella no es nada es simplemente existencia ¿Es la
consciencia quien nos condena? o ¿La libertad es quien nos condena? pero si
estoy reposado en la libertad ¿Por qué ellos pueden decidir por mi? ¿Acaso no
soy yo quien toma las decisiones? Después de permanecer varios minutos sentado
mirando fijamente el techo tomo un plato y lo arrojo contra la pared.
− ¿Es el hombre quien esta sujeto a la neurosis?−
Gritaba.
No estaba dispuesto a ninguna llamada a ninguna carta,
solamente esperaba que el enfrentamiento bélico terminase. Fue a la habitación
en donde se encontraba la foto de Anny, la tomo la llevo a su pecho y recordaba
que después del día de su separación se habían visto en su departamento, ella
de momentos era la libertad absoluta para el.
Se desvistió por completo, se encontraba frente al
espejo contemplándose nuevamente. Camino. Abrió la cortina, una niña de ojos
celeste paseaba de la mano con su madre, y se preguntaba ¿Acaso los niños
judíos no tienen el mismo derecho? La niña lo miro y rápidamente se oculto
detrás de la cortina.
Cuando su neurosis aparecía rompía cualquier objeto
que encontrase y gritaba, mientras, las bombas dejaban su eco.
Amaneció despierto.
Desde que había leído la información pasaron
tres días. Los periódicos llegaron nuevamente pero no los había leído. Las
ojeras eran de gran tamaño en su rostro, la barba había crecido y nuevamente
poseía la apariencia de abandono.
Se miro a al espejo, recordó a su madre y pensaba que
era un judío a quien vidrian a buscar para pelear en la guerra. Pero no, no
pelearía lo matarían sabiendo que es judío.
En una emboscada lo tomarían de sus manos y lo
llevarían a los campos de concentración en donde miles de sujetos como el
esperarían la muerte.
Esporádicamente miraba debajo de la puerta. El sobre
con un símbolo nazi entraría citándolo a convertirse en un soldado y en la
menor duda estarían equivocados, porque el era judío. Anny no volvió desde el
jueves, ella dijo que vendría pero no lo hizo, pensaba. Era Alemana, pero lo
aceptaba y desde la separación que dio con la apertura de la guerra, ella lo refugio en uno de sus departamento gracias
a la herencia de sus padres.
Los cigarros se habían acabado, tenia tabaco del año
1934 en una cajonera, lo que le permitía
calmar sus ansias con uno artesanal.
Fumo el humo, era mas suave que los cigarros comprados, no comprendía porque
nunca el los había hecho.
A las tres de la tarde se durmió. Varios soldados
habían pasado sobre la cuadra y los gritos de los generales lo incomodaban.
Tres y media tocaron la puerta, se exalto y noto que era un perro, varios
andaban sueltos. Se volvió a dormir.
El tiempo se detuvo, su corazón se paralizo y su cara
se puso pálida. Era el sobre. Había
llegado eran las cuatro y diez. Era un sobre blanco y en unos de sus extremos
poseía el gran símbolo. Ese que representaba una ideología de exterminio. Lo
tomo, las lágrimas de sus ojos goteaban sobre el papel. Solamente vio su nombre
y el horario que lo vendrían a buscar.
Entonces, golpeo la puerta con gran fuerza ante la impotencia, mientras, se
comía el papel.
-
¡Vendrán….vendrán….ellos
vendrán!− En su alrededor todo se encontraba taciturno.
Tomo una silla y la arrojo en la puerta, pero fue en vano. Todo seguía igual.
El tiempo pasó. Eran las siete y cincuenta y ocho, cuando de repente se
escucho.
-
¡Abran la puerta!−
Pero nadie respondía. Jamás repondría, sabiendo que
era judío.
− ¡Atrás…atrás!−
De repente la puerta cayó. El se encontraba en un
costado de la habitación.
− ¡Ahí… esta! ¡Ahí…esta!− Dijo unos de los soldados.
Era un llanto incontrolable como la lluvia que recién
comienza.
− ¡Es un judío!− Añadió otro de ellos.
Lo tomaron de a tres y lo llevaron, mientras, lo
golpeaban con sus armas. Su rostro empezó a sangrar y se confundía con sus
lágrimas.
Luego de una semana, Anny volvió a su departamento
para darle la noticia que seria padre,
pero el ya no estaba.
Bernabé
De Vinsenci
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