miércoles, 21 de diciembre de 2011


REFUGIO EN ALEMANIA

Se miro al espejo, algo totalmente diferente que el reflejo del agua. Su rostro y cada parte de su fisonomía se distinguían claramente como el como los modales de un hombre y una mujer. La lámpara de la habitación estaba encendida desde hacia un largo tiempo, algunos insectos la rodeaban por el calor que emitía.  Hacia tres días que nadie lo visitaba, era un sujeto, un extraño que se sentía  olvidado por un entorno que aunque estuviese ausente aun se acordaban de el. La puerta de entrada estaba intacta como la había dejado el domingo por la noche después de recorrer la plaza. El domingo había sido un día de viento y la ciudad se encontraba solitaria, esa había sido la causa de su salida.
El viernes se cumpliría el mes de su separación con Anny. El día anterior  habían discutido y a la tarde siguiente ella le pidió un tiempo. La ventaja era que no habían tenido hijos.   Eso asía  que la casa se sintiera solitaria. El desorden, mal olor y los cigarrillos eran parte de su cotidianidad. En la segunda habitación sobre unas de las mesas de luz quedaba un portarretrato de ellos juntos.
Hacia tres día que no levantaba el periódico. Las informaciones eran devastadoras.
Al salir del espejo se encontró con la cocina de inmediato. Los platos sucios de varios días, eran molestados por las moscas. Entre el desorden busco un encendedor para prender su último cigarro. El humo rodeaba todo el espacio y decoraba el ambiente.
Encendió la ducha. El agua tibia recorría su cuerpo ansioso de ella. Las capas de suciedad sobre los poros se limpiaban lentamente.
Eran las diez de la mañana, el sol entraba lentamente en la habitación, donde se encontraba vistiéndose. Era un ser diferente, la enorme barba lo hacia otro.
Después de realizar los pequeños hábitos cotidianos, se sentó a leer el periódico.
La noticia general del lunes decía: “Alemania intenta entrar en el lugar menos deseado para Rusia”, después de leer el titulo del diario cruzo sus piernas y acariciaba la parte inferior de su mentón, mientras, observaba cada una de las paginas atentamente. Al termino de leer el diario del lunes se levanto para preparase un café. Tomo unas de las tazas sucias la enjuago y se sirvió. Lentamente volvió a la silla con su café en la mano. Busco el periódico del martes y otra vez leyó el titulo que decía: “Rusia ataca, Alemania se ve comprometida”. Al  término de leer la noticia, dejo el periódico estremecido y observo por la ventana como los soldados marchaban a ritmo. El mundo estaba conmovido a causa de la segunda guerra mundial. Varios judíos habían sido aniquilados y el país donde se encontraba esperaba apoderarse del mundo entero.
Su cuerpo empezaba a transpirar, se inquietaba, en cualquier momento podrían  abrir la puerta y la situación limite de su vida seria su nueva alma. Entendía a Hitler como un demente, alguien que no encontraba su propia libertad entonces debía dirigir esa inquietud ante alguien. Ahora no importaba el desorden, Anny era un mujer extraña y Alemania un error. El pueblo necesitaba sumisión  ante alguien no era responsable de su propia libertad  y el nazismo ante esto  aprovecho la oportunidad, empezando por el obrero.
El tiempo no pasaba mas, el reloj era innecesario un objeto de administración para la estructura. Estaba sentado sobre la mesa mirando el techo que no le transmitía ninguna respuesta. Se preguntaba ¿De que me sirve la existencia? aunque ella no es nada es simplemente existencia ¿Es la consciencia quien nos condena? o ¿La libertad es quien nos condena? pero si estoy reposado en la libertad ¿Por qué ellos pueden decidir por mi? ¿Acaso no soy yo quien toma las decisiones? Después de permanecer varios minutos sentado mirando fijamente el techo tomo un plato y lo arrojo contra la pared.
− ¿Es el hombre quien esta sujeto a la neurosis?− Gritaba.
No estaba dispuesto a ninguna llamada a ninguna carta, solamente esperaba que el enfrentamiento bélico terminase. Fue a la habitación en donde se encontraba la foto de Anny, la tomo la llevo a su pecho y recordaba que después del día de su separación se habían visto en su departamento, ella de momentos era la libertad absoluta para el.
Se desvistió por completo, se encontraba frente al espejo contemplándose nuevamente. Camino. Abrió la cortina, una niña de ojos celeste paseaba de la mano con su madre, y se preguntaba ¿Acaso los niños judíos no tienen el mismo derecho? La niña lo miro y rápidamente se oculto detrás de la cortina.
Cuando su neurosis aparecía rompía cualquier objeto que encontrase y gritaba, mientras, las bombas dejaban su eco.
Amaneció  despierto. Desde que había leído la información  pasaron tres días. Los periódicos llegaron nuevamente pero no los había leído. Las ojeras eran de gran tamaño en su rostro, la barba había crecido y nuevamente poseía  la apariencia de abandono.
Se miro a al espejo, recordó a su madre y pensaba que era un judío a quien vidrian a buscar para pelear en la guerra. Pero no, no pelearía lo matarían sabiendo que es judío.
En una emboscada lo tomarían de sus manos y lo llevarían a los campos de concentración en donde miles de sujetos como el esperarían la muerte.
Esporádicamente miraba debajo de la puerta. El sobre con un símbolo nazi entraría citándolo a convertirse en un soldado y en la menor duda estarían equivocados, porque el era judío. Anny no volvió desde el jueves, ella dijo que vendría pero no lo hizo, pensaba. Era Alemana, pero lo aceptaba y desde la separación que dio con la apertura  de la guerra, ella  lo refugio en uno de sus departamento gracias a la herencia de sus padres.
Los cigarros se habían acabado, tenia tabaco del año 1934  en una cajonera, lo que le permitía calmar sus ansias con uno  artesanal. Fumo el humo, era mas suave que los cigarros comprados, no comprendía porque nunca el los había hecho.
A las tres de la tarde se durmió. Varios soldados habían pasado sobre la cuadra y los gritos de los generales lo incomodaban. Tres y media tocaron la puerta, se exalto y noto que era un perro, varios andaban sueltos. Se volvió a dormir.
El tiempo se detuvo, su corazón se paralizo y su cara se  puso pálida. Era el sobre. Había llegado eran las cuatro y diez. Era un sobre blanco y en unos de sus extremos poseía el gran símbolo. Ese que representaba una ideología de exterminio. Lo tomo, las lágrimas de sus ojos goteaban sobre el papel. Solamente vio su nombre y el horario que lo vendrían a  buscar. Entonces, golpeo la puerta con gran fuerza ante la impotencia, mientras, se comía el papel.
-         ¡Vendrán….vendrán….ellos vendrán!− En su alrededor todo se encontraba taciturno.
Tomo una silla y la arrojo en la puerta, pero  fue en vano. Todo seguía igual.
El tiempo pasó. Eran las siete y  cincuenta y ocho, cuando de repente se escucho.
-         ¡Abran la puerta!−
Pero nadie respondía. Jamás repondría, sabiendo que era judío.
− ¡Atrás…atrás!−
De repente la puerta cayó. El se encontraba en un costado de la habitación.
− ¡Ahí… esta! ¡Ahí…esta!− Dijo unos de los soldados.
Era un llanto incontrolable como la lluvia que recién comienza.
− ¡Es un judío!− Añadió otro de ellos.
Lo tomaron de a tres y lo llevaron, mientras, lo golpeaban con sus armas. Su rostro empezó a sangrar y se confundía con sus lágrimas.
Luego de una semana, Anny volvió a su departamento para darle la noticia  que seria padre, pero el ya no estaba.

Bernabé De Vinsenci

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