Nadie
anda.
Infinitos
caminos
nocturnos
de prados
iluminados
por el lucero de nardos.
Apresurados
pies
desnudos
sobre
un
sueño profundo.
Ventana
plana y
chata
que aspira seres
difusos
en el amanecer
de un
súbito enloquecer.
Párpados
irritantes
de
auroras importantes,
refugiado
en un etéreo continente
de
penumbra y aguas potentes.
El
temor te toma la mano
pálida
y sólida, el frió
te
observa obligándote.
Eminentes
calles extensa
aparente
a la muerte, escalofrió
de seco
arcaicos árboles.
Exhausto,
refugiado y acurrucado
en un
mar sobre un costado, la aurora
te
encuentra durmiendo
descongelando
la muerte a
tus
espaladas.
Bernabé
De Vinsenci.
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