martes, 10 de enero de 2012


Nadie anda.

Infinitos caminos
nocturnos de prados
iluminados por el lucero de nardos.
Apresurados pies
desnudos sobre
un sueño profundo.
Ventana plana y
chata que aspira seres
difusos en el amanecer
de un súbito enloquecer.
Párpados irritantes
de auroras importantes,
refugiado en un etéreo continente
de penumbra y aguas potentes.
El temor te toma la mano
pálida y sólida, el frió
te observa obligándote.
Eminentes calles extensa
aparente a la muerte, escalofrió
de seco arcaicos árboles.
Exhausto, refugiado y acurrucado
en un mar sobre un costado, la aurora
te encuentra durmiendo
descongelando la muerte a
tus espaladas.

Bernabé De Vinsenci.

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