Cae la tarde
Era una ruta ornamentada por malezas y escasos lagos, por el cual, el
sol reposaba sus luminosos rayos encandilando su reflejo en la retina de cualquier sujeto
curioso. Algunos automóviles en descuido rompían la perspectiva con su ciclope
luz obligando cerrar los parpados ante la vehemencia. Jorge caminaba desde hacía
un tiempo marcando su pequeño caminito, como las hormigas suelen hacerlo apresuradas
por condicionamiento del malestar del tiempo. Suspiraba, mientras, estos
gemidos se despedían mezclándose con el mismo viento, invisible, pero omnipotente.
Sería imposible, aun, que un individuo afable a las percepciones distinguiera a
ambos, perdidos en el mismo matiz de la invisibilidad. El sol parecía acabarse
en la tarde de septiembre aturdido por la faz de la tierra que soltaba nimios destellos amarillentos. Las nubes se
enlazaban al tropical paisaje tuteadoras de un autentico naranja. La ruta gris se apreciaba de momentos
infinita. Escupió lanzando al suelo
saliva absolutamente blanca y al chocar en el pavimento esta explotó esfumándose, dilatada se distinguía un gris más oscuro en el
asfalto que el otro, el reciente liquido todavía no se había consumido. Pequeños
pájaros pasaron en una figura asimilada a un triangulo por el cielo.
El viento había aumentado su potencia de naturalidad molestando más los pétalos
de las hojas y las plagas yuyales proliferaban enceguecidos
vaivenes. A veces indefinidas figuras aparecían
confundidas en síntoma de la soledad o
la paranoia de compañía. Nadie lo veía y él no veía a nadie, la inmensidad, la existencia
en sus talones y la perseguida soledad amenazaban su vida, sus sensaciones
sobre el mundo. Varias casas con
defectuosos alambrados hablaban del sosiego
y bandadas de pájaros de la
ausencia. Pensó “El infinito se asemeja a la nada” esforzó un paso invadido de
cansancio y decidió sentarse en la raíz de un árbol con vastas curvaturas. Cuando
la sombra del árbol se corría el sol penetraba en su cara directamente. Volvió
a pensar, sentado mirando hacia arriba “La
inmovilidad me convierte en alguien, mis pensamientos se detienen y vuelvo a
desear” tomo un pequeño pasto lo llevo a su boca y se ungió en la calamidad. De
pronto, un anciano reapareció sobre su espalda parsimonioso y audaz esquivando
el impedimento de los cardos.
-¿Hijo?- Exclamó.
Jorge atónito se dio vuelta de inmediato tomando la imagen del anciano
por sorpresa.
-Hola… ¿Cómo está, señor?- Tartamudeo indeciso.
-¿Qué anda haciendo por aquí?- Replico el anciano, frenando sus pasos.
-Pasaba y ante el agotamiento decidí tomar un pequeño descanso- Su tono
de voz parecía algo medrosa ante la pregunta.
Jorge volcó su mirada dejando de lado la repudiable fisionomía del
anciano. Varios automóviles pasaron sobre la ruta emitiendo ruidos hoscos. No se
oía nada, tampoco sentía la necesidad de observar si el anciano seguía en su
lugar, dejo pasar el tiempo permitiendo la naturalidad de las cosas sin forzar ningún
nerviosismo. Pero cuando sintió en su
interior que había pasado demasiados minutos
giro su cabeza y retomo su mirada en el lugar que el anciano se
encontraba al inicio de la plática. No
estaba, solo la ausencia esperaba ser ocupada por alguien, exaltado se paro e
interrogo todo su alrededor con su mirada. No visualizó al extraño y asumía deducciones
de que recursos había utilizado para marcharse tan rápido, sin dejar ningún tipo
de indicio.
Siguió caminando sobre el costado de la ruta del sendero quienes algunos
suelen llamar puente de la libertad. Hacia
los lejos un hombre se encontraba haciendo dedo con un bolso al costado de sus
pies. Cruzó del otro lado de la ruta. Al pasar
enfrente de este agacho su cabeza mirando concentradamente el suelo,
simulando no verlo. Rápidamente fue llamado por quien omitía.
-¿Hola como le va?- Gritaba desde enfrente con cierta alegría en sus
ojos marrones.
Jorge se resistía a responder hasta que finalmente lo hizo.
-Bien tratando de llegar a casa u ¿Usted?-
-¡No lo sé… me he ido de mi casa deje a mí mujer sola con mis hijos.
Estoy cansado un poco de todo!-Decía, mientras, tomaba su cabeza con timidez.
-¡Bueno, debo seguir adiós¡-Debió mencionar para no alargar la conversación.
Tomo de nuevo su camino no miraba hacia atrás, aquel hombre se parecía mucho
a él y por eso mismo quería romper cualquier tipo de relación, solo para no
molestarse así mismo.
Camino dos horas seguidas creía estar cerca. Lo presentía tanto que ante las fatigas y cualquier tipo de
calambre se esforzaba aun. Pero en el horizonte algo paradójico ocurría, en la
fachada se reflejaba el mismo paisaje que se encontraba ante sus espaldas. Y un
sujeto de su misma altura se acercaba a él copiosamente en sus acciones. Tiro una
piedra para ver si ocurría lo mismo y evidentemente sucedió, lo que tenía que
suceder. La piedra hizo el mismo movimiento.
El viento se había detenido
cansado y aprovechando la ocasión se había recostado sobre el suelo
áspero.
Jorge se notaba perplejo ante una
figura igual a la de él, un enorme espejo se implantaba en su frente. Era tan
enorme que en su altura y anchura no tenían fin. Lo palpo y sintió rígido toda su
estructura. Vio su rostro cansado y sus pelos detenidos en él. Sin lugar a duda
se trataba de un espejo, el infinito tenía su punto, pero ¿Cuál era su fin? Se preguntaba. Aquel anciano de súbita desaparición apareció
con su voz, en este momento, sabia y dulce persuadiendo su oído de la siguiente
manera
-El infinito es aquello donde uno se siente pleno, es el espejismo donde
uno se encuentra y conoce cada uno de sus rincones y sabores. No te asustes estas
frente a un espejo, tu imaginación se ha implantado frente a ti y te copia. Pero
sigue que detrás del infinito esta el sentido.
-¿Cómo sabe usted eso?- Respondió Jorge colérico-¿Quién es usted para
saber eso?
Pero el anciano se había ido. Aun él, tenía que caminar, el sol se escondía
definitivamente y se hacía de noche debía llegar a su
casa en cuanto antes.
Bernabé De
Vinsenci
1 comentario:
Atmósferas bien creadas, retrospectivo , simplemente genial ^^
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