jueves, 15 de marzo de 2012


Cae la tarde
Era una ruta ornamentada por malezas y escasos lagos, por el cual, el sol  reposaba sus luminosos rayos encandilando  su reflejo en la retina de cualquier sujeto curioso. Algunos automóviles en descuido rompían la perspectiva con su ciclope luz obligando cerrar los parpados ante la vehemencia. Jorge caminaba desde hacía un tiempo marcando su pequeño caminito, como las hormigas suelen hacerlo apresuradas por condicionamiento del malestar del tiempo. Suspiraba, mientras, estos gemidos se despedían mezclándose con el mismo viento, invisible, pero omnipotente. Sería imposible, aun, que un individuo afable a las percepciones distinguiera a ambos, perdidos en el mismo matiz de la invisibilidad. El sol parecía acabarse en la tarde de septiembre aturdido por la faz de la tierra que soltaba  nimios destellos amarillentos. Las nubes se enlazaban al tropical paisaje tuteadoras de un autentico naranja.  La ruta gris se apreciaba de momentos infinita.  Escupió lanzando al suelo saliva absolutamente blanca y al chocar en el pavimento esta  explotó  esfumándose, dilatada  se distinguía un gris más oscuro en el asfalto que el otro, el reciente liquido todavía no se había consumido. Pequeños pájaros pasaron en una figura asimilada a un triangulo por el cielo.
El viento había aumentado su potencia de naturalidad molestando más los pétalos de  las hojas  y las plagas yuyales proliferaban enceguecidos vaivenes.  A veces indefinidas figuras aparecían confundidas  en síntoma de la soledad o la paranoia de compañía. Nadie lo veía y él no veía a nadie, la inmensidad, la existencia en sus talones y la perseguida soledad amenazaban su vida, sus sensaciones sobre el mundo.  Varias casas con defectuosos alambrados hablaban del sosiego  y bandadas de pájaros  de la ausencia. Pensó “El infinito se asemeja a la nada” esforzó un paso invadido de cansancio y decidió sentarse en la raíz de un árbol con vastas curvaturas. Cuando la sombra del árbol se corría el sol penetraba en su cara directamente. Volvió a  pensar, sentado mirando hacia arriba “La inmovilidad me convierte en alguien, mis pensamientos se detienen y vuelvo a desear” tomo un pequeño pasto lo llevo a su boca y se ungió en la calamidad. De pronto, un anciano reapareció sobre su espalda parsimonioso y audaz esquivando el impedimento de los cardos.
-¿Hijo?- Exclamó.
Jorge atónito se dio vuelta de inmediato tomando la imagen del anciano por sorpresa.
-Hola… ¿Cómo está, señor?- Tartamudeo indeciso.
-¿Qué anda haciendo por aquí?- Replico el anciano, frenando sus pasos.
-Pasaba y ante el agotamiento decidí tomar un pequeño descanso- Su tono de voz parecía algo medrosa ante la pregunta.
Jorge volcó su mirada dejando de lado la repudiable fisionomía del anciano. Varios automóviles pasaron sobre la ruta emitiendo ruidos hoscos. No se oía nada, tampoco sentía la necesidad de observar si el anciano seguía en su lugar, dejo pasar el tiempo permitiendo la naturalidad de las cosas sin forzar ningún nerviosismo. Pero cuando  sintió en su interior que había pasado demasiados minutos  giro su cabeza y retomo su mirada en el lugar que el anciano se encontraba al inicio de la plática.  No estaba, solo la ausencia esperaba ser ocupada por alguien, exaltado se paro e interrogo todo su alrededor con su mirada. No visualizó al extraño y asumía deducciones de  que recursos había utilizado  para marcharse tan rápido, sin dejar ningún tipo de indicio.
Siguió caminando sobre el costado de la ruta del sendero quienes algunos suelen  llamar puente de la libertad. Hacia los lejos un hombre se encontraba haciendo dedo con un bolso al costado de sus pies. Cruzó del otro lado de la ruta. Al pasar  enfrente de este agacho su cabeza mirando concentradamente el suelo, simulando no verlo. Rápidamente fue llamado por quien omitía.
-¿Hola como le va?- Gritaba desde enfrente con cierta alegría en sus ojos marrones.
Jorge se resistía a responder hasta que finalmente lo hizo.
-Bien tratando de llegar a casa u ¿Usted?-
-¡No lo sé… me he ido de mi casa deje a mí mujer sola con mis hijos. Estoy cansado un poco de todo!-Decía, mientras, tomaba su cabeza con timidez.
-¡Bueno, debo seguir adiós¡-Debió mencionar para no alargar la conversación.
Tomo de nuevo su camino no miraba hacia atrás, aquel hombre se parecía mucho a él y por eso mismo quería romper cualquier tipo de relación, solo para no molestarse así mismo.
Camino dos horas seguidas creía estar cerca. Lo presentía tanto  que ante las fatigas y cualquier tipo de calambre se esforzaba aun. Pero en el horizonte algo paradójico ocurría, en la fachada se reflejaba el mismo paisaje que se encontraba ante sus espaldas. Y un sujeto de su misma altura se acercaba a él copiosamente en sus acciones. Tiro una piedra para ver si ocurría lo mismo y evidentemente sucedió, lo que tenía que suceder. La piedra hizo el mismo movimiento.  El viento se había detenido  cansado y aprovechando la ocasión se había recostado sobre el suelo áspero.
Jorge se notaba perplejo  ante una figura igual a la de él, un enorme espejo se implantaba en su frente. Era tan enorme que en su altura y anchura no tenían  fin. Lo palpo y sintió rígido toda su estructura. Vio su rostro cansado y sus pelos detenidos en él. Sin lugar a duda se trataba de un espejo, el infinito tenía su punto, pero ¿Cuál era su fin? Se preguntaba.  Aquel anciano de súbita desaparición apareció con su voz, en este momento, sabia y dulce persuadiendo su oído de la siguiente manera
-El infinito es aquello donde uno se siente pleno, es el espejismo donde uno se encuentra y conoce cada uno de sus rincones y sabores. No te asustes estas frente a un espejo, tu imaginación se ha implantado frente a ti y te copia. Pero sigue que detrás del infinito esta el sentido.
-¿Cómo sabe usted eso?- Respondió Jorge colérico-¿Quién es usted para saber eso?
Pero el anciano se había ido. Aun él, tenía que caminar, el sol se escondía definitivamente y se hacía de noche debía llegar a su 
casa en cuanto antes.




Bernabé De Vinsenci

1 comentario:

Alma Carbajal dijo...

Atmósferas bien creadas, retrospectivo , simplemente genial ^^