La
parla
La
tiniebla en Parla ciudad del hemisferio derecho de Dios se remite a noche, ella
se reinicia tipo once de la mañana, horario en el que todos se encuentran limando
sus uñas, ya que está prohibido tenerlas largas, se estanca y prontamente huye.
Sin embargo, los hombres en libre
albedrío aprovechan en esta ciudad a las seis de la tarde para bajar los
cuervos situados en los alambres, conductos que vienen de un cíclope con constituido
a base de millones de hormigas
recolectadas por jóvenes de un sólo píe y les comen los ojos, en virtud a tener
más visión.
Cuentan
los viejos sabios de los alrededores de Parla que los ojos de cuervos
"Rompen con la percepción histórica-normal, y los sentidos pueden detectar
el más allá".
La
desnudez, un día más agregado que tienen ellos de la semana, dejo de ser pudor
en las muchedumbres y en las reuniones de plazas. El Canciller Groppens un
viejo orejón y melenudo, comenzó a reutilizar su consciencia rompiendo ciertos
cánones, encomendada por un divino creador y por ende, procreo fetos que en el tiempo saltarían de aquí para
allá, sin necesidad de dos piernas. No se le había ocurrido más que
reformarlos-en la plena etapa de la pubertad- a que tuvieran sólo un píe.
Hubo
una radical transmutación de desarrollos y fines, los jóvenes no debían viajar,
Parla era su único lugar y las únicas costumbres obligadamente tenían, y además
de eso, estaba censurado platicar de las aventuras y los intelectuales que no fuesen de allí.
En
bulevares arcaicos-desde que se fundó Parla-los arboles poseían manos, las
mismas como las que solemos ver a diario. En ese lugar las mujerzuelas perdían
a sus novios de Venecia, ellos desaparecían cada vez que su muchacha miraba
atónita hacía otra región y luego de decirle -¿Viste ese pájaro de ahí?-desaparecían
súbitamente. Claro, esos novios no existían, sólo eran imaginación pura de las
muchachas que aburridas de los machos de Parla inventaban perfectos caballeros ¡Bondadosa y majestuosa imaginación
tenían!
Hubo
una vez un anciano que le contó a su vecina y esa vecina a la nieta de Carla que
“Zubron” un hombre de unos veintinueve años sin diente llamado "El
subversivo de Parla" Se había acostado con la esposa del “Canciller”, el
mediador con lo divino para que las cosas y los proverbios funcionaran de
manera correcta. Y que ésta mujer hosca y llena de arrugas y granos, se había enamorado
profundamente y vanamente del
jovenzuelo.
Pero
¿Cómo iba a durar ese romance que tenía a una cabeza por un lado que insinuaba
y otra qué realmente amaba a ciegas? ¿Y qué sucedería en una ciudad súbdita en
dónde todos temían a la autoridad y estaban tan reprimidos, sí se enteraban del
severo engaño hacia el Canciller, “Severo porque a él le resultaría así y a
todos también”?
Bueno,
sin que todos lo sepamos o si algún vivo lo sepa. La vecina dejo de contarle la
historia a la nieta de Carla, por qué se había adormecido sobre la falda de la
niña y comenzaba a largar baba de la boca
En
lo cierto, sin dejar inconcluso todo, la nieta de Carla, siguió con la odisea
de la siguiente forma: “Parla no es más que un mundo quimérico, todos los
mundos los son y sin olvidarme el tiempo lo es. La realidad está formada a
partir de una idea y desde la razón, porque si hay algo que nos distingue de
las bestias, es la razón y la capacidad de ésta para poder idealizar ¡Ay qué frustración
se me hace con la existencia puesta en práctica! Exclamaba la niña y le tapaba
a la mujer los orificios de las narices para que dejara de dar ronquidos. Por
eso quizás seamos más torpes, siguió la niña, porque entorpecemos la
espontaneidad del ser. Los cuervos han sido lo más sobresaliente de todo lo
narrado, por esta dormilona y molesta anciana. Me decía que “los hombres de Parla, sacaban
los ojos de los cuervos para comérselos y algo así como para que pudiesen ver más allá” Pero creo que los cuervos eran
tan genuinos que la misma voracidad de malicia de los hombre sometidos querían romper con la
perfecta naturaleza, y además de eso, parece que ellos envidiaban o envidian el
error de la nuestra” Porque, pensándolo bien me parezco a unas de esas
mujerzuelas”
Habrían
pasado dos horas, la anciana se despertó mientras la niña jugaba con su gato.
-¿Querés
que te siga contado?-
-No,
gracias. Deja mis ojos tranquilos-Replicó y siguió balanceando sus manos hacía
el pequeño gato.
Texto:
Bernabé De Vinsenci

1 comentario:
elegiste un arte solitario, de difícil, ardua comunicación.
La unica respuesta está en este camino que te lleva a ningún lugar preciso, la única gratificación es transitarlo: tropezando, subiendo, deslizándote, en caída libre y en vuelo sin destino ni fronteras.
Que lo disfrutes mientras tanto, haciendo.
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