domingo, 23 de diciembre de 2012


la persecución no puede acosar constatándose, las carnes ahorcadas dejan de lado su piel e inician el proceso de putrefacción. Algunos  pechos sin números de limitación repletan su fisionomía en un tono morado, colmados en crías de  venitas a punto de explosionar. No consta un estado de inmanencia,  cualesquier ha  transcendido al oxido desesperante y se ha comportado a partir de esa inocuidad. Ninguno no siendo más que   aspecto y deseo de la posesión subjetiva del otro se ha anulado al cierre de su puerta. Y en ella encontró su cadáver, el infarto domesticado. En el aposento la censura yació  en  privilegio singular, al saberse el lenguaje como falaz y una mísera capacidad innata. Es aquí el mundo girando en representación de la incertidumbre, y el movimiento de lo absurdo inhalado La pus pulsa, la estirpe se derrama en su interior mientras las respiración fracasa.  La conducta viceversa jamás fue ejercida cuerpo-cadáver. Todos de prontos nos vimos bajo la luz de neón acarreando nuestra osamenta, abriendo la cerradura y encarcelándonos. ¿Para qué valen los naturalezas de huesos, sí las canes fracasan?

Bernabé De Vinsenci

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