la
persecución no puede acosar constatándose, las carnes ahorcadas dejan de lado
su piel e inician el proceso de putrefacción. Algunos pechos sin números de limitación repletan su
fisionomía en un tono morado, colmados en crías de venitas a punto de explosionar. No consta un
estado de inmanencia, cualesquier
ha transcendido al oxido desesperante y
se ha comportado a partir de esa inocuidad. Ninguno no siendo más que aspecto y deseo de la posesión subjetiva del
otro se ha anulado al cierre de su puerta. Y en ella encontró su cadáver, el
infarto domesticado. En el aposento la censura yació en privilegio singular, al saberse el lenguaje
como falaz y una mísera capacidad innata. Es aquí el mundo girando en
representación de la incertidumbre, y el movimiento de lo absurdo inhalado La
pus pulsa, la estirpe se derrama en su interior mientras las respiración
fracasa. La conducta viceversa jamás fue
ejercida cuerpo-cadáver. Todos de prontos nos vimos bajo la luz de neón
acarreando nuestra osamenta, abriendo la cerradura y encarcelándonos. ¿Para qué
valen los naturalezas de huesos, sí las canes fracasan?
Bernabé De Vinsenci
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