rompí el ciclo y los ojos
descarnaron
sin riendas
ojeras germinaron
en primicia
la muerte humeó
y sin ser paisaje se echó
a trajinar
los olfatos no reconocían
la sanguijuela del abismo
unos circulábamos
en el abuso del
vértigo
y
otros residían
ya arrojados
en la madrugada nos
topamos consumados
por el ignoto hoyo
de cadáveres vivaces
las sinfonías
de los
huesos
ofuscaban.
licuaban nuestro
calcio.
Bernabé De Vinsenci
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