jueves, 18 de abril de 2013


El vacío es una sensación ridícula, un puto tiene culpabilidad de vacío. Pero el vacío no radica en sí sobre el puto, sino que pertenece a la misma categorización social. Al hecho de que puto este mal visto, o que pueda ser ordinario para miles de ortodoxos. Y ortodoxo, digo, a un canon de valores que aniquilan a la libre elección del hombre. No sé si es un mal hábito o una costumbre ordinaría el hecho de prejuzgar. El otro gay...la otra lesbiana... el otro hippie...así sucesivamente, degastando las palabras hasta llegar a inventar nuevas para que las anteriores no se vuelvan a repetir.
 Se puede afirmar que con Osvaldo nos llevábamos demasiado, para no decir perfectamente bien. En el primer impacto que tuve de su aparición lo confundí con un anime y procuré no acercármele jamás. Era albino y morrudo con voz de ganso y se tiraba pedos en los momentos menos pensados. Sin embargo, luego ocurrió todo lo contrario, no podíamos estar un día sin que hayamos ido a recorrer la ciudad en busca de viejas chusmas. Entablábamos charlas con ellas y si se ponían demasiadas conservadoras o fascistas las insultábamos y salíamos al galope. ¡Guachos de mierda ya los voy a agarrar! Decía una vieja mientras tropezaba con el cordón de la vereda. Varios vecinos acudían a ella y  nosotros para ese momento, nos perdíamos en algún bulevar. Más que entretenimientos de la mocedad, ir en busca de este tipo de viejas, era un travesura de ideales. Sentíamos que aún era posible combatir y establecer el anarquismo. Sin tener quince años todavía, fumábamos cigarros y nos creíamos ser espías para un plan anárquico.
Inmediatamente cuando uno se entrena más en la realidad, todo el conjunto de fantasías caen y ya nadie podrá volver a recrearlas. Yo terminé en el año 1938 trabajando como bibliotecario en una escuela llamada Ezequiel Martínez Estrada  situada al fondo de un pueblito en la provincia de Santa Cruz. Hacía horarios de corrido y una vez al año tenía un aguinaldo que guardaba para las vacaciones. Eso me bastaba para vivir dignamente.
 De Osvaldo no supe más nada, fueron muchos años sin vernos al terminar la secundaria, yo me había mudado de provincia. Ayer oportunamente su madre me expresó, a través de un telegrama, que Osvaldo había ido a pelear voluntariamente a la Guerra Civil Española: Osvaldo se nos fue a la Guerra. No hay noticias exactas, Franco ha prohibido el contacto de los republicanos con el exterior. Quizás cuando todo acabe, dentro de poco, si Osvaldo logra escapar sabremos de él. La cuestión es que no supe más nada de Osvaldo y tampoco su madre me volvió a mandar un telegrama. La Guerra terminó y los de Francos salieron victoriosos. Seguramente Osvaldo no tuvo la oportunidad de decirme que sentía algo por mí. Siempre lo había intuido desde el primer momento, pero para que nuestra relación de amigos durara tuve que hacerme el desentendido. Lo prefería así. Cada uno respetando su identidad sexual. La única diferencia entre Osvaldo y yo fue que el siendo marica decidió ir a la guerra, y yo tanmacho opté por una vida serena y cálida de domingos. A veces, me digo que estás cosas son ininteligibles  para una sociedad tan terca, y robusta de estupidez... quizás algún día pueda ir a visitar al cementerio a Osvaldo. ..¡Ojalá pueda encontrar el nicho!

Bernabé De Vinsenci 


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