El vacío es una sensación ridícula, un puto tiene
culpabilidad de vacío. Pero el vacío no radica en sí sobre el puto, sino que
pertenece a la misma categorización social. Al hecho de que “puto”
este mal visto, o que pueda ser ordinario para miles de ortodoxos. Y ortodoxo,
digo, a un canon de valores que aniquilan a la libre elección del hombre. No sé
si es un mal hábito o una costumbre ordinaría el hecho de prejuzgar. El otro
gay...la otra lesbiana...
el otro hippie...así
sucesivamente, degastando las palabras hasta llegar a inventar nuevas para que
las anteriores no se vuelvan a repetir.
Se puede afirmar que con Osvaldo nos llevábamos
demasiado, para no decir perfectamente bien. En el primer impacto que tuve de
su aparición lo confundí con un anime y procuré no acercármele jamás. Era
albino y morrudo con voz de ganso y se tiraba pedos en los momentos menos
pensados. Sin embargo, luego ocurrió todo lo contrario, no podíamos estar un
día sin que hayamos ido a recorrer la ciudad en busca de viejas chusmas. Entablábamos
charlas con ellas y si se ponían demasiadas
conservadoras o fascistas las insultábamos y salíamos al galope. ¡Guachos de
mierda ya los voy a agarrar! Decía una vieja mientras tropezaba con el cordón
de la vereda. Varios vecinos acudían a ella y nosotros para ese momento, nos perdíamos en
algún bulevar. Más que entretenimientos de la mocedad, ir en busca de este tipo
de viejas, era un travesura de ideales. Sentíamos que aún era posible combatir
y establecer el anarquismo. Sin tener quince años todavía, fumábamos cigarros y
nos creíamos ser espías para un plan anárquico.
Inmediatamente cuando uno se entrena más en la
realidad, todo el conjunto de fantasías caen y ya nadie podrá volver a
recrearlas. Yo terminé en el año 1938 trabajando como bibliotecario en una
escuela llamada “Ezequiel Martínez
Estrada” situada al fondo de un pueblito en la
provincia de Santa Cruz. Hacía horarios de corrido y una vez al año tenía un
aguinaldo que guardaba para las vacaciones. Eso me bastaba para vivir
dignamente.
De Osvaldo
no supe más nada, fueron muchos años sin vernos al terminar la secundaria, yo
me había mudado de provincia. Ayer oportunamente su madre me expresó, a través
de un telegrama, que Osvaldo había ido a pelear voluntariamente a la Guerra
Civil Española: “Osvaldo se nos fue a la Guerra. No
hay noticias exactas, Franco ha prohibido el contacto de los republicanos con
el exterior. Quizás cuando todo acabe, dentro de poco, si Osvaldo logra escapar
sabremos de él. La cuestión es que no supe más nada
de Osvaldo y tampoco su madre me volvió a mandar un telegrama. La Guerra
terminó y los de Francos salieron victoriosos. Seguramente Osvaldo no tuvo la
oportunidad de decirme que sentía algo por mí. Siempre lo había intuido desde
el primer momento, pero para que nuestra relación de amigos durara tuve que
hacerme el desentendido. Lo prefería así. Cada uno respetando su identidad
sexual. La única diferencia entre Osvaldo y yo fue que el siendo “marica”
decidió ir a la guerra, y yo tan“macho”
opté por una vida serena y cálida de domingos. A veces, me digo que estás cosas
son ininteligibles para una sociedad tan
terca, y robusta de estupidez...
quizás algún día pueda ir a visitar al cementerio a Osvaldo. ..¡Ojalá pueda encontrar
el nicho!
Bernabé De
Vinsenci
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