Los escandalosos
truenos del estómago hablan del hambre, del músculo fatigado en el trayecto sin
paraderos y de la agonía divinizada. Miles
demonios, discípulos del vacío, han
informado de la vertiente lagrimal a causa del desánimo
popular. Y ya no se escuchan sino los
cánticos hegemónicos y el grito perdido, padeciendo su tugurio. ¡No hay voz que
por la infamia hable! ¿Dónde está el aullido? ¿Quién lo ha embalsamado en la
censura? Se distraen averiguando hombres
ciegos, de realidad alucinada.
Aquí,
alguien te exige entre las pestes vivas y pisoteadas, te persuade desde la
miseria, y no es un fulano anónimo. Dicen que se nombra, o se hace llamar: “Cambio”.
Bernbé De Vinsenci
No hay comentarios:
Publicar un comentario