jueves, 9 de mayo de 2013





CATARISMO

                               Bernabé De Vinsenci

Ultrajada de pigmento blanco la prosa ofrece su palma, tupida de arrugas al lenguaje y los fonemas pioneros se animan a eyacular. La subjetivación nace de los sistemas de enunciados, es decir, de la vida que se ha logrado darle al pigmento blanco. El lenguaje expresa mortandades, auxilia todas aquellas cosas que requieren de la forma. A medida que recovecos opacos respiran se abren a la existencia, otros finalizan disipándose y no cabe en ellos más que una gota de cadáver. La vida es el resultado de la ecuación entre tragedia y comedia, entre ortodoxia y heterodoxia. ¿Y el lenguaje? ¿No esconde episodios de la sátira mundana?
Las conciencias arrojadas a la superficie terrestre dejan de percibir el fondo de la realidad. El lenguaje dice para encubrir, encubre para el vacío. El hombre en el universo es emperador de su tamaño. Cada ciclo que respira lo hace en función de expandir más el perímetro del lugar. El espacio constantemente estuvo en disputa, el conflicto era: si se agrandaba cada vez más o viceversa.  ¿Quién podrá decirlo? Nadie es astro, hijo, hermano de la vía láctea. ¿Y qué pasa en esos días en que un hombre se siente tomado por la subjetividad de otro hombre? El lenguaje salva del suicidio, familiariza los signos con el cuerpo ajeno. Alguna vez se pensó que la cabeza del hombre fue como el mundo de la Edad Media, con periferias que desembocaban al abismo, y con un centro de tugurio, si es la palabra justa. Cuando la prosa se acaba, el éxtasis se despide, el falo sale de la penetración y el cuerpo entra en su manía de estar muerto en vida.

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