CATARISMO
Bernabé De Vinsenci
Ultrajada de
pigmento blanco la prosa ofrece su palma, tupida de arrugas al lenguaje y los
fonemas pioneros se animan a eyacular. La subjetivación nace de los sistemas de
enunciados, es decir, de la vida que se ha logrado darle al pigmento blanco. El
lenguaje expresa mortandades, auxilia todas aquellas cosas que requieren de la
forma. A medida que recovecos opacos respiran se abren a la existencia, otros
finalizan disipándose y no cabe en ellos más que una gota de cadáver. La vida
es el resultado de la ecuación entre tragedia y comedia, entre ortodoxia y
heterodoxia. ¿Y el lenguaje? ¿No esconde episodios de la sátira mundana?
Las
conciencias arrojadas a la superficie terrestre dejan de percibir el fondo de
la realidad. El lenguaje dice para encubrir, encubre para el vacío. El hombre
en el universo es emperador de su tamaño. Cada ciclo que respira lo hace en
función de expandir más el perímetro del lugar. El espacio constantemente estuvo
en disputa, el conflicto era: si se agrandaba cada vez más o viceversa. ¿Quién podrá decirlo? Nadie es astro, hijo, hermano
de la vía láctea. ¿Y qué pasa en esos días en que un hombre se siente tomado
por la subjetividad de otro hombre? El lenguaje salva del suicidio, familiariza
los signos con el cuerpo ajeno. Alguna vez se pensó que la cabeza del hombre fue
como el mundo de la Edad Media, con periferias que desembocaban al abismo, y
con un centro de tugurio, si es la palabra justa. Cuando la prosa se acaba, el
éxtasis se despide, el falo sale de la penetración y el cuerpo entra en su
manía de estar muerto en vida.
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