EL
CROTO.
La palabra
hombre indudablemente no se refiere a un término singular donde directamente
puede aparecer el sustantivo falo. Paralelamente hombre hace alusión a una gran diversificación de
“machos”, de seres que han sido y siguen siendo categorizados por sus más
absurdos actos. Dentro de esta porción de especie, es decir, del conjunto de
los machos, la mayoría de las veces se los suele nombrar bajo un seudónimo, por
ejemplo: “Menchor”, “el Gringo” o “el Peludo”, entre otros. Tal es la
significancia de los seudónimos que los auténticos nombres que figuran en los documento
se evaporan. El puesto específico de los seudónimos radica en que encuadran a
un individuo que cumple ciertos caracteres dentro del lazo de la vida. No
importa la condición social, el seudónimo es impuesto desde el exterior, y el
acosado debe encargarse de él, llevarlo como un amuleto. Hay un seudónimo “Pocho”
que marcó su misticismo en los años cuarenta,
luego sería olvidado. Por supuesto, cosa usual que ocurre en los hombres. Pocho
había sido hijo séptimo de un cacique Qom. En su etapa de mocedad había
acometido una atrocidad que por cierto lo marcaría en el resto de su vida
llevándolo a la demencia de convertirse en croto. Cuentan que por el hambre en
cierta ocasión Pocho se comió a un
hermano muerto por el Mal de Chagas y seguidamente se echó a la fuga. Siendo
así el primer inscripto en la lista de subversivo de la tribu. Después de andar
sin lugar fijo, terminó radicándose ocasionadamente en un pueblo con no más de
tres mil habitantes. Allí decidió juntar desechos y trapos que luego revendería
para sustentar su vida. -El hombre para rebuscársela se ve obligado a
convertirse en un inventor o científico- Le afirmaba Pocho a un púber. Y así fue
que pasó de vendedor de trapos en los talleres mecánicos a bicicletero de
segunda categoría. Por cuestiones ideológicas decididamente se negaba a ser un
empleado. Porota, su vecina, generalmente le comentaba:
-¿Por qué no te empleas en algún lado? Vas a tener un ingreso fijo.
-¡No! De ningún modo, yo soy anarquista y me la rebusco sólo.
Seguidamente se encolerizaba y maldiciendo por lo bajo se marchaba
parsimoniosamente.
A medida que
los meses transcurrían el croto, cada vez ganaba más su repercusión de
personaje. Y no había alguien que no le
cediera unos minutos para dialogar. En el setenta y tres fundó el primer gremio
de anarquista en el poblado: “Crotos Anarquistas
Por Un Provenir Sin Patrón” encabezando marchas sindicalistas, y cortes de calles. Uno
de los reclamos del sindicato era reciclar
todos aquellos elementos que las grandes corporaciones desechaban, para
reutilizarlo, y revenderlo, sin necesidad de ser un peón o esclavo de algún
oligarca. Los pocos crotos anárquicos que había en el pueblo tenían como lugar
de encuentro la plaza Hipólito Yrigoyen.
Los domingos aproximada la tres de la
tarde los crotos hediondos empezaban a amontonarse. El insuperable fruto
del sindicato meramente fue que un grupo de artistas recolectase los desechos
para intervenirlos en sus obras. En la fecha del veintisiete de agosto del
sesenta y cuatro Pocho falleció de una embolia cerebral, y pese a la falta de
un líder en el montón los anarquistas se convencieron de que no debían seguir
adelante con el proyecto. Actualmente Pocho es conmemorado después del gran
Perón. Sólo existe una diferencia entre el general y el croto, que uno logró
las ocho horas de jornadas laborales, y el otro intentó fallidamente buscar abolir
el concepto peón-empleado.
Bernabé De Vinsenci

No hay comentarios:
Publicar un comentario