miércoles, 15 de mayo de 2013


                


EL CROTO.


    La palabra hombre indudablemente no se refiere a un término singular donde directamente puede aparecer el sustantivo falo. Paralelamente hombre hace  alusión a una gran diversificación de “machos”, de seres que han sido y siguen siendo categorizados por sus más absurdos actos. Dentro de esta porción de especie, es decir, del conjunto de los machos, la mayoría de las veces se los suele nombrar bajo un seudónimo, por ejemplo: “Menchor”, “el Gringo” o “el Peludo”, entre otros. Tal es la significancia de los seudónimos que los auténticos nombres que figuran en los documento se evaporan. El puesto específico de los seudónimos radica en que encuadran a un individuo que cumple ciertos caracteres dentro del lazo de la vida. No importa la condición social, el seudónimo es impuesto desde el exterior, y el acosado debe encargarse de él, llevarlo como un amuleto. Hay un seudónimo “Pocho” que marcó su misticismo  en los años cuarenta, luego sería olvidado. Por supuesto, cosa usual que ocurre en los hombres. Pocho había sido hijo séptimo de un cacique Qom. En su etapa de mocedad había acometido una atrocidad que por cierto lo marcaría en el resto de su vida llevándolo a la demencia de convertirse en croto. Cuentan que por el hambre en cierta ocasión  Pocho se comió a un hermano muerto por el Mal de Chagas y seguidamente se echó a la fuga. Siendo así el primer inscripto en la lista de subversivo de la tribu. Después de andar sin lugar fijo, terminó radicándose ocasionadamente en un pueblo con no más de tres mil habitantes. Allí decidió juntar desechos y trapos que luego revendería para sustentar su vida. -El hombre para rebuscársela se ve obligado a convertirse en un inventor o científico- Le afirmaba Pocho a un púber. Y así fue que pasó de vendedor de trapos en los talleres mecánicos a bicicletero de segunda categoría. Por cuestiones ideológicas decididamente se negaba a ser un empleado. Porota, su vecina, generalmente le comentaba:

-¿Por qué no te empleas en algún lado? Vas a tener un ingreso fijo.
-¡No! De ningún modo, yo soy anarquista y me la rebusco sólo.

Seguidamente se encolerizaba y maldiciendo por lo bajo se marchaba parsimoniosamente.
A medida que los meses transcurrían el croto, cada vez ganaba más su repercusión de personaje. Y no había alguien  que no le cediera unos minutos para dialogar. En el setenta y tres fundó el primer gremio de anarquista en el poblado: “Crotos Anarquistas Por Un Provenir Sin Patrón” encabezando  marchas sindicalistas, y cortes de calles. Uno de los reclamos  del sindicato era reciclar todos aquellos elementos que las grandes corporaciones desechaban, para reutilizarlo, y revenderlo, sin necesidad de ser un peón o esclavo de algún oligarca. Los pocos crotos anárquicos que había en el pueblo tenían como lugar de encuentro  la plaza Hipólito Yrigoyen.  Los domingos aproximada la tres de la tarde los crotos hediondos empezaban a amontonarse. ­­­­ El insuperable fruto del sindicato meramente fue que un grupo de artistas recolectase los desechos para intervenirlos en sus obras. En la fecha del veintisiete de agosto del sesenta y cuatro Pocho falleció de una embolia cerebral, y pese a la falta de un líder en el montón los anarquistas se convencieron de que no debían seguir adelante con el proyecto. Actualmente Pocho es conmemorado después del gran Perón. Sólo existe una diferencia entre el general y el croto, que uno logró las ocho horas de jornadas laborales, y el otro intentó fallidamente buscar abolir el concepto peón-empleado.








Bernabé De Vinsenci
  

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