martes, 15 de octubre de 2013




Es el efecto encierro, el fango psicótico,
la semanticidad  manicomio
y no en lo alusivo a la anatomía material.
El manicomio es el medio de subsistencia,
la condición de oxígeno, el sustrato social,
los límites corpóreos, lo aún no florecido.
¿Quién soporta coágulos de ideas
como botellas decapitadas?
Un flujo de pigmento
ansiando desterrarse del lienzo,
así figura el manicomio. 

domingo, 13 de octubre de 2013

 Capitalismo: devorador de auras



Prólogo
Abordaremos diversas pautas donde el sistema vigente de nuestros tiempos -el capitalismo- está instituido de tal manera para adquirir la potestad y rendición de las masas, formando al hombre en inútil-autómata-, encarcelado de su propia tecnología, herramienta de sus herramientas y ávido de objetos prescindibles que pasan a ser imprescindibles para el “progreso” de la sociedad industrializada. Es decir, cómo moldea, de alguna manera, a los hombres confiriéndoles una identidad de consumo instaurando un ciclo de deseos-poder de nunca acabar: la sistematización de comprar-consumir; todo durante un período congruentemente efímero, propio a su vez de la filosofía contemporánea. Y cómo ciertos mecanismos de poder subyacen bajo el manto de “benignidad natural”, arropando la naturaleza autoritaria bajo un embozo pseudodemocrático.

                                                          

           Las técnicas y estrategias que el poder propiamente confecciona están apoyadas en la producción de tecnologías finas, calculadas y reproducidas para la resignación; en otros términos podríamos especificarlas como: revoluciones técnicas de subordinación. El propósito es almacenar a los sujetos en la obediencia de la ley y del poder contrarrestando toda manifestación -subvertere, rebellis, degeneris- frente a las  normativas natura. De lo contrario, aquellos desobedientes, recibirán el medicamento disciplinar en tanto que la infracción sobre lo instituido puede demandar métodos rigurosos: el aislamiento. El filosofo francés Gilles Deleuze, acerca de las sociedades disciplinarias en una conferencia, expone:Las sociedades disciplinarias se definían como la constitución de lugares de reclusión: cárceles, escuelas, talleres, hospitales, etc. Como instituciones necesarias para mantener una continuidad ideológica. El filósofo Foucault en su obra “Vigilar y Castigar” esboza las semejanzas jerárquicas y organizacionales que conservan instituciones específicas como, por ejemplo una prisión y una escuela, dejando entrever que las instituciones son el statu quo de la burguesía acomodada. La Elite ha explotado a fuerza de errores y perfecciones mecanismos de mayor virtud en repuesta a los efectos de masificación de la clase obrera. Despliega un temperamento hegemónico hacia el conjunto de los grupos sociales que le son subalternos.
 Retomaremos de nuevo a Michel Foucault quien ha de problematizar los discursos provenientes de las esferas dominantes. Al considerar que tanto la verdad como el saberestán suspendidos en las relaciones de poder y que todo saber no es una mera acumulación de conocimientos neutrales sino que es producto de las batallas, podemos dilucidar qué: “la verdad es guerra” entre conciencias que quieren “conducir” y conciencias que resisten a esa conducción. Foucault  no pierde de vista que en el siglo XVII el cuerpo es administrado relativamente a una máquina: su adiestramiento, el aumento de sus aptitudes, su integración en sistemas eficaces de control y económicos. Estas problematizaciones  foucaultianas nos advierten los vínculos entre soberanía-súbdito:cuerpo-vida, opresores-oprimidos: cuerpo-vida. Michel, escribe en su Historia de la sexualidad que existe un componente indispensable para el proceso capitalista: el biopoder.  Refiriéndose a las disciplinas del cuerpo y a la regulación de la población que instituyen la organización del poder sobre la vida.

      Estos controles activan mecanismos de sujeción, racionalmente confeccionados para la “felicidad”  de los individuos, que pasan a ser sujetos “obedientes” y súbditos del confort. Poseídos con significaciones imperativas y pertinaces que lo han cristianizado como un signo más; es la réplica de un mundo de significaciones que responde a los deseos de una sola lengua: capitalista. ¿Acaso el panóptico  no es una construcción lógica y racional en el que cada sector cumple una función establecida dentro de un complejo engranaje? Un acontecimiento histórico que puede servir de ejemplificación es lo que Antonio Gramsci denominó Americanismo: El influyente libro de Frederick Winslow Taylor, “Principles of scientific management”, modo que los propietarios capitalistas habían hallado para sostener el efectivo control del proceso de producción en relación a los obreros. En las fábricas automotrices se incorporaron cambios: por un lado la eliminación de los tiempos muertos con el sistema de turnos rotativos y continuos, la aplicación de la cinta de montaje como forma de evitar la movilidad obrera dentro de la fábrica y facilitar la fijación de la tarea. Además las iniciadas tendencias por las firmas norteamericanas de adosar a la propaganda de sus productos un cierto conjunto de símbolos y significaciones que resumían un estilo de vida a adquirir junto con la compra del producto. Estamos aquí ante el nacimiento del management. Por último combinaron una política de salarios consignada a convertir a los obreros de la fábrica en consumidores básicos de productos automotores, con el interés de ampliar el mercado de esos productos. Puede verse el inicio de una conducta “coercitiva-legal”, pero burocráticamente violenta, que ejerce el poder desde la estructura atravesando la superestructura. Y cómo se organizan las praxis obreras dividiéndolos en pequeños grupos (rangos, jerarquías, separaciones productivas, etc.) con el fin de dificultar alianzas que proyecten contraconductas ante los discursos de los dueños del capital, “divide y reinarás”.
El progreso de la racionalidad capitalista-tecnológica invalida actitudes, cualidades, potencialidades de manifestación, las confrontaciones de resistencia, aún así las víctimas juegan a ver quién gana primero la naturalización de las normas. A cualquier forastero, aquel que sabe y maldice a los patrones, el statu quo le caerá encima  -de modo represivo- por  actitudes nocivas y conductas que infringen lo estimado.  El poder instituye y opera sobre una base binaria: legal e ilegal, permitido o prohibido. Todo lo que es ajeno a lo legal puede significarse como corrupción: sentidos irracionales, vidas desnudas, vidas precarizadas que corroen lo instituido y logran despertar una manifestación contra-hegemónica debido a la alteración semánticas de las imágenes, y de los deseos prefigurados. Por lo tanto la actitud disciplinaria es control racional y permanente contra las conductas legales e ilegales: el disciplinamiento todo lo ve y todo lo oye. La sociedad cohabita en el rostro de una lengua demoniaca que peregrina signos,  lingüísticas determinadas, singularidades en su tentativa de naturalizar-normativizar: ¿Acaso toda pronunciación, toda particularidad lingüística no está excluida dentro de normativas sociales?
Las instituciones procesan discursos (hegemónicos) que luego de ser interiorizados, habituados y apropiados bajo la sensación del “sentido común” –que lo podríamos llamar inseminación discursiva, tirano invisible-; no obstante cada individuo es una imagen y semejanza de esa proyección poder-discursiva. Los proyectiles informáticos agencian la subjetividad operando en la autonomía reflexiva y abatiendo la producción deseante de los individuos. Como expresamos anteriormente, el telos (de la conciencia dominante) es que cada uno viva los acontecimientos interpretados o empaquetados done el lenguaje sea impropio en cuanto al esfuerzo de significar y la militancia de esa significancia ¿Por qué?Porque el deseo es revolucionario si se le permite desear verdaderamente.
 Por lo pronto organizan una especie de canil en tanto que delimitan perímetros a los flujos-rabias (trascendencia) y flujos-voluntades (potencialidad) que estructuran, economizan y exigen convencer el consumo de mercancías: sexo-producto, moda-producto, afecciones-producto. Dicho de otro modo, la “ontología occidental” se halla en la avidez de mercancías, parafraseando a Buadrillard decimos que: “el consumo no es más que un simulacro de libertad”.
En el instante que asistimos al mundo nos encontramos  ante una sociedad signada globalmente, típicamente instituida, en la que hemos de  lidiar por nuestra singularidad para no perderla en el  “poderío de los otros que haciendo propia la hegemonía, defienden de ella”. Los instituyentes inéditos habrán de apalear una relación orgánica frente a lo instituido en el modo en que la coerción no se aprecie.  De lo contrario las fuerzas legibles –mecanismos de represión– inyectarán en el individuo un anticuerpo funcionando como inmunología de lo establecido.  Sartre expresó alguna vez: “los hombres son productos de las estructuras pero en tanto las superan”, prevalecer las estructuras constituye que la aprehensión de signos permanentes que asimilamos sean devueltos  –al exterior - alterados o transfigurados mediante la crítica subjetiva, mediante los autos-mecanismos que defienden la radicalidad. Ocasionando códigos propios, lenguas personales-diferenciadas de los códigos sociales; pervertir el campo semántico y transportarlo a lugares inexplorados.
Al plantearnos, por ejemplo, el problema de la locura surgen ciertos cuestionamientos a seguir: ¿Qué es el loco o enfermo mental? El demente, enfermo mental – monstruo, CsO, etc. - no es más que el terrorista de la “diosa” razón; el que fracciona la “armonía” y el “orden racional” de la sociedad, el que dificulta lo instituido e impuesto por las clases dominantes -que, a su vez, son los que encarnan la Razón- y el que sitúa el peligro en la maniobra de las estructuras con su praxis. El que obstaculiza ser imagen y semejanza de los saberes discursivos-hegemónicos; por ello hay que privarlo de la sociedad –no vaya a ser cosa que contagie a los demás individuos con su “trastorno psicológico”- ¡El loco al manicomio! por ser sujeto irracional, asintáctico, que envía su practicidad contra los dictámenes de la lógica imperativa. Las instituciones psiquiátricas asisten a efectuar el papel de salvaguardar el “orden sacralizado” y  encerrar a todo objeto de estudio que no esté con los requerimientos de un “campo disciplinario” o de  un “cuerpo sano, reproductor”. Luego lo inspecciona y categoriza: patologizando lo que suponga inoportuno. El sistema exige individuos disciplinados: heterosexuales, fecundadores, controlados que fijen y acomoden lo reinante. Sujetos culposos y neuróticos que demanden siempre lo mismo y estén atemorizados ante lo nuevo. Por ello es que Deleuze plantea la “filosofía de la diferencia”, múltiples puntos de fuga que nos trasladen a territorios desconocidos.
 La razón requiere de la locura para mantenerse en su forma natural, precisa su contrario y negación que la valide como tal, nutrirse de su némesis para prosperar y propagarse: Si la Locura no existiera la Razón la inventaría. Ahora, ¿Cuál es el verdadero y cuál el imaginario?, ¿Existe la locura o la razón?, ¿Es un juego discursivo de poder y saber perfilado históricamente? O ¿Es una pseudo-categorización proveniente del discurso-científico-técnico que determina lo que “es” el desorden en una sociedad? La Parte dominante mediante la utilización del discurso ingenia una diferenciación o distanciamiento en el que crea a un “otro” (particular y concreto) que no se adapte a la idea de “Progreso”, “Cultura”, “Ser”, etc. Para así, evidenciar toda praxis barbárica en contra de ese otro artificial que fue menester para la expansión de los deseos reinantes ¿Qué hubiese sido del nazismo sin los judíos? “No hay orden sin progreso ni progreso sin orden” proclaman las lenguas que pretenden establecer un ideal social que al fin y al cabo configuren los cimientos de la burguesía en el poder. Existe, entonces, un binarismo, lo permitido o prohibido, lo ilegal o legal.  Aquello no anclado con la “organización” y que escape a los patrones específicos que las conciencias dominantes instauraron para “armonizar” y “equilibrar” las conductas de los individuos. Se intentará clausurar y apartar (mediante el castigo) para que no convierta una apertura y transforme los principios del plan de organización y desarrollo.     
Al admitir que éste es el único mundo posible y que no se alcanza estar mejor (actitud panglossiana) nacen las “resignaciones deseo” y una perpetuidad institucional que codicia eternizarse y preservarse cuando siente que está siendo embestida por aquello que piensa por sí mismo. Toda estructura elabora mecanismos de defensa para conservar su existencia por lo cual someterá cuerpos, conciencias, singularidades; disciplinará –sin importar la región–.
Por ello, al hallarnos en un mundo “unidimensional”, hemos de revelarnos frente a lo que somos (coseidad) para impugnar un devenir de autenticidad y radicalidad. Parándonos en la vereda de enfrente, embarazando un “metalenguaje sui generis”,  ampliando el campo de posibilidades existenciales, siendo lo que somos; ¡Posibilidad!




Por:

 Joaquín Ficcardi/ Bernabé De Vinsenci.

sábado, 28 de septiembre de 2013


Siempre hay un hueco, allá, acá, más allá, más acá.
Y en los huecos encendiendo una luz, se halla un mundo de posibilidades.
El hueco es lo no común, el plato de los más anómalos.
Ser escéptico es entrar en la duda de la posibilidad.




"LA TRAMA ESQUIZOIDE"
Bernabé Alberto De Vinsenci


I.
No soy quien explica
las doscientas cuarenta y seis
respiraciones del año.
Escribo con el fin de decirme
y decirle algo a un nadie
ese nadie que soy
intentando asirme de un osario
para no caer al abismo.


II.
A Dulcinea del Toboso
Traspié, y de golpe el cimiento formó
tres colmillos
en mi dentadura. ¡Bruto!-Dijo ella.
Cosas del azar-Argüí.
Un aguardiente fue mí pierna supurando
 y tan agrio se nos figuraba el camino
 hasta decidirnos por la abulia.
Un sábado inglés pactamos:
“Cuando el mundo tropiece,
ahí seguiremos vuestra marcha.”
Por lo tanto asentaba mi testa en su vientre
 y enceguecía la vista examinando
telas de araña.
Las horas con el tiempo difunto
franqueaban
y nosotros seguíamos allí,
con pleno remordimiento.


III.
Toda pareja encauza en la cama un acto bélico
con armas fogosas, y fusiles de lenguas
evacuando sangre de morapio y baños de saliva.
Lo más prodigioso y absurdo de esta trifulca
es que nadie sale ileso:
Los agravios más catastróficos
han sido guiños
 y nuevas diplomacias con fines de reencuentros.


IV.
La negación somete al cuerpo
 y el oficio vierte solidez en lo rígido,
el cerebro pule su anatomía en circunvoluciones de muerte,
 el sexo habla impropio al género
y el deseo hace un duelo contra lo trágico.
 ¿El lenguaje contiene agujeros
 y grietas que relampaguean contra la artesanía de inventarse,
 un sonido de exaltación o ignorancia,
representa la rima, un flujo arterial?
 La fe es un estado donde la perversión se evapora:
el hombre ansia la superstición contra el dominio de las cosas.
 Trazos a trazos, con líneas depuradas
y doscientos garabatos la locura sin saberse de ella se esboza.


V.
El día inauguró su pérdida un domingo
junto a la escena de un papel arrugado
en el anfiteatrodebolsillo.
En hueso de fósil la audiencia asistió
y la tinta afrodisiaca en los papeles
a los histriones entreveró.
Cada función de la obra
requería remembranza
y nostalgia.


VI.
El océano cae pulsando olas.
Trillones de santos nadan
y en cráneos se deshacen.
El océano presa su forma.
El cadáver sale caminando.


VII.
Tenía el estómago colmado de hormigas
con tejidos de mil senderos
 y la sed de un vino pasado.
Era el desubicado que desayuna bifes cuajados,
sin sabor y de un lunes primero.
¡Usted!- Vociferó, la esposa inquieta, hirviendo de cólera
-¡Salga de ese catre! Hace días que se encuentra ahí,
 haciendo no sé qué.
 -Es tan fácil decirlo-Pensó el felpudo
 y dio media vuelta y nueva-mente se durmió.
 Soñaba estar en otro tiempo, descalzo
 y con senos de leche en entre sus palmas.
 Al despertar de la hibernación se lo contó a ella,
no supo decirle de qué lugar se trataba.
-¡Éste no giraba!-Decía- ¡Nadie estaba tan demente del mareo terrenal, tal como aquí sucede!-
No estando más de diez minutos despierto,
 balbuceó descomponiéndose:
-Creo que tengo náuseas...voy a…
- Y vomitó el mundo soñado.



VIII.
Hay una dicha que concede
la unión, la estrecha y
eterna liberación.
Hay un victimario que concede
el individualismo, la depredación
de una misma hermandad.
Hay una equivocación que concede
la desnudez, el pudor.
Hay un esfuerzo que concede
la utopía, el caminar.
Hay un enigma que concede
la muerte, el más allá.
Hay una unión que concede
la naturaleza, la reciprocidad.
Hay una balanza que concede
la memoria, el no olvidar.
Hay una virtud que concede
la diversidad de pieles, la admiración.
Hay una longevidad que
posee la fe, la eternidad.
Hay caminos que concede
la decisión, poder elegir.
Solamente existe un epitafio,
el de conceder.


IX.
La cruel humanidad,
en conciencia de facturar su origen,
se formó a imagen y semejanza.
Una labor haragana y supersticiosa
de gozar rasgos plagiados
y condiciones
a base de un creador incógnito.
En razón, el tutor
despertó al tiempo
que una corporación de creyentes
le esculpiera suplicas,
pese a que ellos
les resultaban demasiado
voluminosas
las dificultades terrenales.


X.
Entré
y nos suicidamos
por la córnea.
Hurté su pecho y lo bebí comprimiéndolo
con los dedos.
Me afirmé en su falda y suspiró.
-Devuélveme mi pecho- Balbuceó.
No hablé,
sólo le devolví un crío.


XI.
Vida
a un centímetro de ser carnívora
a dos pasos del hombre que fortifica su órgano
con el pigmento de la demolición.

XII.
¿De qué dudo?
De lo que soy.

¿Qué soy?
Lo que dudo.

¿Y qué es dudar?
Lo que vamos siendo
y lo que seremos después de haber sido.


XIII.
Mi palabra, un silbido ausente.
 Mi tiempo, un vacío eterno.
Mi sueño, un ronquido tajado.
Mi sangre, un vaso de vino agrio.
Mi cuerpo, un órgano podrido.
Mis ojos, un cuervo se los llevó.


XIV.
La p o e s í a postrero aguardiente
del hombre azotado.
Uno se dirige a ella
por faltas y dentro ella
se ve consumado
replicando otras
faltas.


XV.
-Yo fui un cuerpo sin senos, que
blasfemaba contra las tetillas-
(Metáfora hedionda hacia los miembros)
l
a

e
r
e
c
c
i
ó
n
se desmonta por medio de la:
Eyaculación.
Con la sombra me topé y como recién
nacientes, DESNUDOS colapsamos.
Los surcos pusimos
en el caparazón de un riel
desvariado
y
al rato colisionamos con un tren
formado por PIEZAS HUMANAS.
Dos fueron suficientes para el inventor.
Desde las estaciones pueblerinas
conspirábamos canticos que acoplaban:
Somos un mutuo plagio perseverante y
de esta manera entendemos nuestra
relación.
Extraviados recorrimos
General Ballivián y sin pudor
amanecimos en Comodoro Rivadavia.
Yo como de costumbre
usaba de almohada
su pezón.


XVI.
Con gripe y espasmos
coriza y jarabes
encendí un veguero
y la humareda devino en catarro.
Postrado ante la cama
el alba llegó
y muda tocó la puerta.
 -Está Agramón en el cuarto- Le advertí.
Nada pudo hacer.
Le di papas en aceite
remunerando su inspección
y las impugnó.
Mientras tanto
Afuera, la bruma turbia
y el apetito de los victimarios.
Adentro, yo escribiendo
rasgueando la arquitectura de un ataúd
para al fin irme a pernoctar.


XVII.
Gritar
es pensar que somos desaparecidos buscándonos.


XVIII.
El cencerro gruñó,
 roído por la asfixia del mal fatigado
por las expensas de los palos y los relinches de tropillas.
-Como una especie de sonoridad engañosa – Dijo.
Y continuó: ¡Clin! ¡Clin!¡Clin! y a mi dolencia no la menciona
- Los objetos inactivos
 conservan distancia frente
a las palabras,
 ruegan no ser salpicados

de cualquier significado y a pesar del pedido dos mil mueren,
cada tres segundos al ser nombrados.
 Las cosas son quienes tienen que hablar
por sí mismas
"Yo soy esto: un tenedor por ejemplo"


XIX.
A la deriva del lenguaje brincamos a comunicarnos,
exentos de fonemas que integren la voz, aseados de verbos y adjetivos.
Nuestro léxico es el silencio.

La escena de la palabra
               Fonemas violentados
                 

“Es suficiente que exista una mirada -la nuestra -
para que el mundo sea eternamente pleno.”
Roland Barthes.



“La persecución de un mundo mejor, que llevó a algunos grupos a abrazar la lucha armada, desembocó, tras el golpe militar del 24 de marzo de 1976, en un mundo bastante peor, signado por el terrorismo de Estado[i].  La hibridación de la prosa en ese período fue afectada por modos de subjetivación turbulentos, cargada de códigos a base del suplicio, el daño y el malestar. No sólo en el conflicto preciso de esos años; el transcurso de tragicidad-violenta ya radica en los inicios de la literatura nacional. Un caso emblemático es “El matadero” de Esteban Echeverría, que impregna en su narrativa del ciclo Rosista la simbología netamente beligerante entre unitarios y federales. En el texto logran revelarse signos de la miseria, o vocabularios excesivos: “Reventó de rabia el salvaje unitario”, “Viva matasiete”. Las caracterologías violentas reinscritas en la dicción de la escritura están sujetas a la figura de un Estado que promueve innovaciones intrínsecas en su tarea. Otro componente determinante que alcanza el itinerario violento en la literatura nacional es el evidente vuelco del lenguaje clásico a un lenguaje de sondeo en la naturalidad de los lenguajes sociales: la restitución de pronunciaciones y de vocablos a partir de las jergas. En este sentido nace en la escritura cierta tragicidad y un inventario grotesco que aspira a rastrear el habla de las distintas capas sociales.
Atendiendo la situación del modo de Poder eugenésico en occidente, la pesadilla de lo bello y lo bueno que no incluye sino que excluye, Antonio Negri subraya en su texto “El monstruo político. Vida desnuda y potencia.”: Sólo aquel que es bueno y bello, eugenésicamente puro, está legitimado para el mando. La organización de los deseos y las imágenes, el consenso y la coerción -el pelo corto, la abolición de prensa, dudemos de la cara extraña- en el periodo de la dictadura hegemonizaron e inhabilitaron, en diversos casos, la autonomía de saber qué era ciertamente lo que acontecía.
La aquiescencia de la sociedad política y la sociedad civil (Antonio Gramsci) jerarquizaban, postraban subjetividades, ultrajaban los símbolos, precarizaban vidas; toda una masacre recóndita desde los disímiles dispositivos, aparatos e instituciones, que pregonaban la hegemonía-fascista ya sea en circunstancias peculiares o no. Se mencionó: “Ultrajaban subjetividades” y refiero a lo póstumo de esos años, cómo devienen las subjetividades con esas huellas o pérdidas. Es notable entreverse y rastrear estas huellas en la producción artística de Mabel Temporelli, Rosarina detenida a mediados de 1975 y liberada a fines de 1978. Mabel tiene una obra que tituló: “Señoras Calientes”, en su producción aparecen delantales, vestidos de fiestas, guardapolvos, etc. En cada una de ellas existe, usualmente en el centro, una quemadura de plancha. Es una obra poética, los elementos portan códigos, símbolos, mientras las imágenes parecen salir del soporte. Reside una crítica explícita por parte de la artista a la monotonía del sometimiento; las vestimentas promueven la sensación de evocar personas pretéritas. El espectador enfrentado a la obra enmudece al connotar que las vestimentas sufren o han sufrido: origina una desmaterialización sobre un plano armónico.
Negri, en el pasaje antes aludido, corporiza a los monstruos. El monstruo es lo contrario, es lo que estremece a lo eugenésico, puesto que es transformación en lo hegemónico; lo monstruoso resiste en él produciéndose dentro de él. En el setenta y seis, antes y después, los monstruos fueron aquellos que confirieron su voluntad para pugnar contra el asalto militar-fascista, contra la armazón económica, política y cultural del periodo: el bloque histórico. Los monstruos registraron al enemigo, a la máquina-masacre, y allí, en la confrontación, afloraron las potencias, los gestos por la disputa ontológica. Por esa razón, en el campo social tensionado de aquellos años surgía la resistencia (Madres de Plaza de Mayo), el reconocimiento como monstruos frente a la irrupción  fascista. De acuerdo con lo expresado, César Cantoni señala en su texto “Latencia: Poesía y Dictadura”: Esta circunstancia hizo que los poetas jóvenes de los años 70 fuéramos calificados por algunos como “los poetas de la dictadura”. Otros, teniendo en cuenta que padecimos las consecuencias de la represión y resistimos desde el lugar de la poesía, prefieren hablar de “los poetas de la resistencia”.
La literatura, no obstante, debe repensarse como “un dispositivo de construcción (material o utópica) en la historia de las luchas, y en torno a la posibilidad de nuevos mundos”[ii], la literatura es parte de la contribución que grafía a los monstruos enredados, implicados, aliados, reconocidos en una misma clase que resiste.
 El poema “Miremos esta calle: este barrio es de niños de Omar Favero, joven de la ciudad de la Plata desaparecido a los diecinueve años durante el “Proceso de Reorganización Nacional”[iii], da cuenta de la potencialidad monstruosa en esos años. “La violencia simbólica, ya perceptible desde el nombre eufemístico con el que la junta militar se autodenominó […] consistió en apelar a la defensa de los valores cristianos y patrióticos para justificar la tortura, los secuestros y los asesinatos de los “subversivos”[iv]. Aún así “Restablecer el Orden” significó reorganizar los campos semánticos, los deseos, y las imágenes en pos de naturalizar la “obediencia”. El término “subversivo” es parte de esta “reorganización” semántica. Veamos los orígenes de la palabra: (del Latín subvertere: trastocar, dar vuelta) se refiere a un proceso por el que los valores y principios de un sistema establecido, se invierten, se relaciona con un trastorno, una revuelta o una destrucción.
 Omar expresa: “Ellos, contra el cansancio, morirán dando golpes”, a partir de aquí conseguimos denotar el pronombre Ellos -los enemigos-, la presencia de mecanismos coercitivos burócratas y hondamente genocidas. No es del azar la productibilidad violenta de los contenidos, de los manifiestos de resistencia: nosotros contra ellos, es decir, contra el poder coercitivo-militar: mortífero. El poema traduce la dimensión de una monstruosidad situada, de una premonición histórica, al decir: “Nosotros renunciamos al combate algún día, por no sé qué valores o sabios pensamientos”. He aquí el gesto ontológico del monstruo frente al militarismo que se introdujo configurándose simbólica y violentamente para naturalizarse con su metafísica de “reorganización”  y constituir en esta embestida vidas desnudas.[v]
La coyuntura del terrorismo de estado no fue únicamente un trance armado, de glóbulos derramados, violaciones y picanas en los ovarios o en los testículos, además personificó la resistencia monstruosa que signaba de componentes a la ética de los individuos a futuro. Inmediatamente de esta movilización político-social, del consenso producido por los aparatos e instituciones del poder en ese momento, Favero expresa: “No podremos: renunciamos al combate algún día”. En sí es un enunciado que exhibe el sufrimiento frente al terror, la desesperanza frente a lo hegemónico-genocida, imponiéndose con sus dispositivos a la manera de una máquina que causa muerte: apropiación de niños, campos clandestinos de detención, plata dulce, desindustrialización, entre otros. 
En términos filosóficos es una disputa -como está expuesto anteriormente- ontológica y fisionómico-social, de establecer potencialidades, barreras y alternativas frente a un devenir frenético que se denominaba “Proceso de Reorganización Nacional”. Quienes estaban al tanto de los hechos acontecidos concienzudamente veían que al fin y al cabo la sociedad no sería la misma cultural y políticamente fenecido el proceso dictatorial. Un cambio drástico, una época crucial de la ontología “por no sé qué valores o sabios pensamientos”, apunta Favero en su poema, de otra manera por un delineamiento fascista-eugenésico de corte universal, que venía propagándose en diferentes países en los inicios del siglo XX. El precedente fascismo mundial había logrado afianzarse y reproducirse como una máquina de moler carne, como una máquina de abolir toda libertad de expresión y que encarcelaba a los calificados “subversivos”.
Si analizamos algunos contenidos emergentes en el antes y durante del periodo de la dictadura militar, cada uno de ellos intentan dialogar y descifrar qué es lo que realmente aconteció, ponen en juego imágenes dialécticas: ontologías de resistencias. Como diría Walter Benjamin la historia es posibilidad, un evento abierto a la interpretación, un programa de continuar los espacios utópicos que otros han iniciado.
Las voces de los escritores trabajaban en un terreno tensionado intentando asearse de la subjetividad normativizada por una toma fascista-genocida. Innumerables libros fueron prohibidos. Un caso ejemplar es el del libro “La Torre de Cubos”, de Laura Devetach, prohibido por la resolución N°48 en la provincia de Santa Fe el 23 de mayo de 1979 (la prohibición se extendió luego a todo el país). “Según la resolución se prohíbe por: graves falencias como simbología confusa, cuestionamientos ideológicos sociales, objetivos no adecuados al hecho estético, ilimitada fantasía, carencia de estímulos, espirituales y transcendentes (…) centrando su temática en los aspectos sociales como critica a la organización del trabajo, la propiedad privada y el principio de la autoridad enfrentando grupos sociales, raciales o económicos con base completamente materialista, como también cuestionando la vida familiar, lo que lleva a la destrucción de los valores tradicionales de nuestra cultura.”[vi] En este sentido fue la reorganización semántica antes mencionada.
Retomando, el sociólogo y poeta Néstor Perlongher entrevé en su poema “Cadáveres” (1982) las secuelas del largo proceso monstruoso versus poder- fascista, percatándose del trabajo historiográfico para dar apertura a la voz singular, al pulido estructural de la forma y a la sutileza de las sílabas teniendo en cuenta la invención de figuras metafóricas. Refiriéndose no sólo a los cuerpos monstruosos, escribe: “Todo, Sobretodo, Hay Cadáveres.” En el pensamiento hay cadáveres, en la subjetividad violentada al retorno de la democracia hay cadáveres. Perlongher evidencia, en la semanticidad de las imágenes y de los deseos, una nación históricamente atravesada por la muerte, por la agonía de las luchas que de algún modo hacen de su eco una resonancia hasta en la actualidad.
Desde el inicio del fenómeno de la Historia Oral la programación de la historia es edificada en un plano colectivo-deseante con la cooperación de quienes fueron monstruos sobrevivientes y exiliados en la dictadura: la historia es molida con la multitud de voces.
Unas de las fuentes indispensables para el imaginario de una nación, que no habría de soslayarse, es la literatura pensada en un espacio simbólico de construcción que resignifique eventos de luchas, trazos arquitectónicos-históricos, bocetos de una historia próxima a cimentarse. La dictadura -máquina reproductora de muerte- tiene que examinarse una y otra vez para no caer nuevamente en un orden normativo demoledor.
Pretendiendo efectuar este texto demasiado arriesgado, citaré la voz de Omar Favero: 

“Quiero entrar, destruirte, devorar las raíces (tu palabra no es tuya ni tu mano ni el tiempo). Quiero que en las cenizas te levantes […] Entonces sí, serás y hablaremos, en calma, de la unidad futura.”[vii]

La historia guarda memoria, pies, manos, ojos. La historia camina. 


Bernabé Alberto De Vinsenci.



Email: bernabe-devinsenci@hotmail.com  










[i] Cantoni, César. Latencia: Poesía y dictadura.
[ii] Negri, Antonio. El monstruo político. Vida desnuda y potencia, Prometeo Digital 2012.
[iii] El lenguaje es una herramienta de la comunicación, para la adquisición de una lengua determinada. Sin ir más lejos de estas vertientes el lenguaje se define por su capacidad instauradora de subjetividad. El “Proceso de Reorganización Nacional” quiso sugerir que ese nuevo “gobierno” pondría orden a un supuesto desastre nacional que era preciso exterminar. Émile Benveniste dirá en “De la subjetividad en el lenguaje”Pues bien, sostenemos que esta "subjetividad", póngase en fenomenología o en psicología, como se guste, no es más que la emergencia en el ser de una propiedad fundamental del lenguaje. Es "ego" quien dice "ego".  Encontramos aquí el fundamento de la "subjetividad", que se determina por el estatuto lingüístico de la "persona".  (Ver más)
[iv] Mangin, Annick. En “Literatura y dictadura: Cola de lagartija” de Luisa Valenzuela.
[v] Negri, Antonio. En “El monstruo político. Vida desnuda y potencia”:La vida desnuda representa al hombre, o más bien, presenta  los cuerpos al borde de un peligro y de una miseria indecibles. La vida desnuda es la imagen de lo que queda después de que el terrorismo del capitalismo moribundo  se ha ejercido sobre la vida y el trabajo de a multitud”. (Ver más)
[vi] “Biblioteca de libros perdidos.”
[vii] Poetas siglo XXI, antología de Poesía: (http://poetassigloveintiuno.blogspot.com.ar/) Editor Fernando Sabido Sánchez.





domingo, 22 de septiembre de 2013

Éntomos: mutación

Quizás esta desgracia logre serle útil a la entomología, o  quizás algún imprudente la involucre con una fábula Kafkiana. Ni una ni la otra: la peripecia es propia por instantes impropia.  No recuerdo con fidelidad la fecha; acaso haya sido en el siglo XVIII. En ocasiones dudo de la palabra entomología: (del griego éntomos, «insecto», y logos, «ciencia») es el estudio científico de los insectos. Y yo era un insecto: oruga, gorgojo, grillo…necesariamente no lo sé. No obstante mi destino era asocial más bien de largas jornadas embutido en un caño de alcantarillas o de construcción. Allí el soplido del viento ni siquiera asomaba ni tampoco el pudor de las consideraciones del por qué me hallaba en esa insólita condición. Dos palabras definían la circunstancias: ermitaño y tosco. Era cosa existencial sin posibilidad de comunicación: jamás descubrí lengua con la cual interactuar. Optaba por reorganizar los signos de mis pensamientos situándolo aquí intercalándolo allá. Sí alguien expusiese una resolución a todo esto afirmaría que no habría incógnita alguna para la resolución. Era una táctica de pasatiempo para custodiar la senda del tiempo. Nada impedía tener presente que existían períodos, etapas, jornadas envueltas en un paquete llamado tiempo; lo que no conocía era la fragmentarización del paquete tiempo: la rutina subyacente. Registraba  la entrada del sol,  la llegada de la luna,  del frío, el calor y todas las impresiones ridículas que nos atribuye el simple hecho de vivir; Inclusive conservaba otras perspectivas acerca de la naturaleza: con las alas ascendía unos veinte metros de la corteza y allí todo era  miniatura, una maqueta: hormigas, puntos móviles, geometrías inclasificables. Estas desigualdades me hacían íntegro,  grandilocuente con el resto.  No reclamaba nada. Estaba seguro de las existencias atontadas, solemnes.
Para las migraciones calculaba  el tiempo de esta manera: Luna, Marte, Mercurio,  Júpiter, Venus; Pasados treinta y siete veces los cincos planetas emigraba al norte, o al sur si me encontraba en el norte;  sólo por cuestión de ecosistema: mayor o menor comodidad. A veces eran un hastío las temperaturas y el sudor que originaban.
Perdón por el atrevimiento, aún no he presentado la fisionomía de la entidad oculta. En la cabeza gozaba de tres antenas, dos ojos como los de un Tarsio, más abajo un protórax,  un abdomen muy velludo del cual salían dos alas y dos patas prolongadas; por último una formidable cola. Las patas  me cedían posarme en los cimientos sin peligro alguno. Era la única cualidad que veneraba. Cualquier investigador  hubiese dicho que era un collage viviente.
Intrusamente  el 23 de abril de 1878 aparecí en un cuarto menudo. Algo penumbroso: el suelo con un entablado antiguo, las paredes resfriadas por la humedad y dos persianas que valían de aduanera para el acceso de la luz. En la mitad del tugurio  revelé una mesilla ocupada;  ambos extremos invadidos por dos siluetas. Una garabateaba en un papiro con los ojos obstruidos la otra persistía muda acariciándose las manos riada de callos. “His humé antans lopust” dijo una de ellas con lengua extraña.  Enmudecido me acerqué a una vela y desde allí espiaba cada desplazamiento. Una de las siluetas anotaba planos, trazos ininteligibles que concernían a la escritura de la lengua platicada. La vela era el único faro, el resplandor de cada silueta. Ninguno  distinguió que yo estaba allí. Algo sucedería. Una premonición vehemente, me inquietó. Mis órganos comenzaron a movilizarse de por sí solos. La cera cayó justo encima de una pata lo que paralizó mi autonomía. Varias porciones de cera comenzaron a caerse como si se trata del apocalipsis: la venida del mesías. “Wouna mima goalás” proseguía  la voz. Forcejeaba, trataba de zafarme. La condición de insecto, monstruo,  hizo que empezará a  bramar a emitir un ruido hosco. Una y otra vez con frecuencia acrecentando el tono, fastidiando a los presentes. Una mano se aproximó de repente. Cuidadosamente corrió la cera que aplastaba mi pata. Me tomó levantándome con dos dedos y a sus ojos me acercó. Simulé no verla. “Ahora verás” le dijo a su interlocutor que habitaba pálido. La anciana me embutió dentro de un líquido hediondo y luego me estampó contra el suelo. No conseguí transportarme. Como pude salí del cuarto. En el pasillo colgaban innumerables retratos acromáticos con miradas penetrantes: abajo cada uno de ellos tenía serigrafiados datos que no pude analizar. Finalmente gané salir por un orificio de una de las paredes de barro. Afuera mi cuerpo convulsionó, sentía frío, malestar por las regurgitaciones; los tejidos de cada órgano minúsculo se rompían. Explotaban formándose hematomas, coágulos, enfisemas. Estallaba, mutaba. Las patas comenzaron a cambiarme, los contornos;  reaparecían nuevas envolturas. Los ojos de Tarsio crecían aún más; no acertaba lo que había querido decir con: “Ahora verás”. Las palabras  zumbaban, cambiaban de intensidad como las notas de una partitura. Estaba hundido en un proceso de metamorfosis. De las patas eyaculaba calcio, tendones, arterias, y finos tejidos. Lentamente la mutación alcanzaba a su fin, incorporándose con un hígado, dos pulmones, dos ojos, un miembro. Lánguidamente me convertía en un bípedo…sobretodo en humano.


Bernabé De Vinsenci

martes, 27 de agosto de 2013

Después del cuerpo inválido,
de la ciudad de los nichos:
todo es ninguna parte
que se confunde con la residencia.



Los martirios,
las catástrofes de fe,
los depó-sitios
como fuente de enseñanza,
el punto de fuga:
viento, movi-miento,
el síntoma de mi sombra
entrando.

Antes que suene el
ladrido, seré un guernica.

viernes, 23 de agosto de 2013


                                          Señalador

                                   Cuando está lleno,
          unas de las partes
                                            está               v a c í a.
                                       Puesto en su lugar
                                         el significado
                                    permanece intacto.
E
   s          e  l                  o             i               I                    t
                              m           v            m                   n                  o
      

                                            quien configura
                                             la denotación
                                     de un pasillo marcado
                                           por los f l  u  i  d  o          s.

                                      No vale la forma
                                      de los enunciados,
                                      cualquiera puede
                                      quedar atrapado
                                      en los contornos
                                      de un papel.


Otra vez la física,
una mancha en el centro.
Qué importa el segundo,
todo está a punto
de decidirse,
de ser juzgado.

                                          E l p a p e l
                                          p
                                          o
                                          n
                                          e
                                                        su límite,

                                          l o        d e m á s      s e p u d re.






La semanticidad 
despotiza el objeto,
no hace falta la física 
para poner 
en ecuación
dos enunciados.
La ley
fonética-semántica
o esqueleto ideológico 
arancelado está
por el pigmento
heredado.

Nuestra 
intervención
siempre ha sido 
destructuralizar
las formas 
del régimen 

anticuado.

martes, 20 de agosto de 2013

Sin aquí y ahora, acá
despose-(yéndome)
con la conciencia
suelta, íntima al cráneo.
Mil tres baldosas
sos-(tienen)
un bípedo arrojado,
paranoico de la vigilancia
in-(diferente).
-¿Qué hará con la libreta?
Agoniza la forma del mundo

cuando el lenguaje se lo permite. 
Si usted hubiese sabido de los hombres 
en el momento en que hubo de ser un espermatozoide 
habría intentado llegar último.

1.
El arte de los nombres
es el arte demoníaco.
Un primer nombre
para la obediencia,
un segundo nombre
para la subversión.
Qué paradoja los nombres,
con los vocablos disimulan
un extraño caso
como el del doctor
Jekyll y Mister Hyde. 

2.
El tiempo del té pequeño burgués
a la mitad del tiempo que yace en la tarde
sobre el regreso del hornero como un detective.
Hablemos -dice uno-matemos las cosas
con los proverbios del té.

3.


La escritura es el ocio más íntimo,
una forma de reliquia en los huesos
que permite a dos manos hipócritas,
la euforia huracanada en un pasillo
y una autenticidad atormentada.
Puede verse que la estrofa reunida
en la palabra común
no es más que un jeroglífico tedioso.

martes, 6 de agosto de 2013


"Hombre-sitio"

               El lenguaje sintetiza, reduce, capta las miles de intensidades de un segundo sobre un código delimitado, fracturado frente a todo lo que ha acontecido. En este rango puede ser que la existencia del lenguaje prevalece ante lo indefinido, como un proyectil amorfo. Michael Foucault dirá al respecto: “El lenguaje es, como saben, el murmullo de todo lo que se pronuncia, y es al mismo tiempo ese sistema transparente que hace que, cuando hablamos, se nos comprenda; en pocas palabras, el lenguaje es a la vez todo el hecho de las hablas acumuladas en la historia y además el sistema mismo de la lengua”. Pero a su vez, antitéticamente, el lenguaje embarca en sus episodios representatividades que trabajan la forma de un cuerpo, de ciertos puntos de fugas que subyacen en la contingencia, para constituirlos, y al mismo tiempo desfigurarlos. En tanto que el lenguaje es un fenómeno ambivalente, por momentos negativo, por momentos una contribución a la inmanencia, queda ajustado a una especie de dios, es decir, a la divinidad no vista, que se siente en donde todo lo sucedido, malo o bueno, está puesto según la voluntad de éste. Empero, es el hombre quien se ve atravesado y puesto como hombre mediante el lenguaje. De lo contrario hubiese creado un sistema de señales.
Hay un campo no delimitado, un campo heterogéneo susceptible de todo acontecimiento, regido por leyes inexistentes, leyes que se trazan solas. Este campo es individualizado como arte, atribuyéndosele vivencias universales, modos de trazar. Allí el lenguaje se vuelve el modo de nombrar lo inasignable, lo innombrable e inhaceptable, y enviste al lenguaje en posibilidad de decir, de negar el estado sugestivo, permitiendo mantenernos en una categoría posible de esquizoide, de no-individuo, de no-persona, un algo que se va formando en la medida que se va deformando a través de la desyoización. 
No existe, por su parte, una ontología del lenguaje que explique lo vivido, al hombre. Esta potencia maquinaria de tomar y arrojar, de poseer y desposeer, no requiere servirse de ninguna significación ni una patente que la identifique. En el decurso del siglo XIX el inicio de las ciencias ha estrangulado el lenguaje y se ha apropiado de él dándole al significado-significante y a la sintaxis un poder coercitivo e imperativo. En cierto sentido lo ha naturalizado en su discurso para impartirlo al resto de la sociedad, conceptualizando y atrapando las posibilidades de des-territorialización. 
Es en la poética donde el lenguaje comienza su intensidad de desahogo, en donde gran parte de la sociedad teme explorar en ella porque el lenguaje se le presenta desfigurado, anómalo, como un monstruo que busca removerle los cimientos. En el anti-edipo Gilles Deleuze y Félix Guattari dicen: “En un texto violentamente poético, Lawrence describe lo que hace la poesía: los hombres incesantemente se fabrican un paraguas que les resguarda, en cuya parte inferior trazan un firmamento y escriben sus convenciones, sus opiniones; pero el poeta, el artista, practica un corte en el paraguas, rasga el propio firmamento, para dar entrada a un poco del caos libre y ventoso y para enmarcar en una luz repentina una visión que surge a través de la rasgadura, primavera de Wordsworth o manzana de Cézanne, silueta de Macbeth o de Acab”. 

Es en el caos, en la irrupción de lo convencional, donde se da el punto de partida para desfragmentar todo cuerpo fragmentado. Ahí es en donde se busca horadar el muro, tornarse grieta en el cuerpo para salir de la piel, de los poros contaminados, asfixiados por la historia, historia-fascista, historia-régimen, historia-explotación. Cuando el lenguaje actualiza el contenido de su enunciado, es decir, que hace de su metalingüística un sui generis, desembalsama la individualización para repartirse a miles y millones de singularidades, marca el inicio de su permutación en la inmanencia de la vida, en un lienzo absorbido por líneas intensas, latitudes dispersas, continentes indistintos.
 En cierta medida el lenguaje alza su vuelo, despatologiza toda perturbación iniciada por la misma convención sintáctica de los modos que reproducen ciertos edificios jerárquicos. Si hablábamos acerca de la poética como un modo de acontecimiento inédito, una apertura y nuevas singularidades en el lenguaje. La obra-intervención “Hombre-Sitios” denota ésta posibilidad de desterritorializar, fundir sobre lo individualizado un lazo independiente, encontrar sobre estas individualidades un acceso a la singularidad. Desmenuzar órgano por órgano, sintaxis por sintaxis ésta carga que rellenan los signos vaciando a todo interlocutor, a todo espectador, a todo oído. En las páginas se ve una acumulación sintáctica acompañada por otro plano sintáctico-singular que a su vez condiciona y doblega el sentido de la acumulación-sintaxis primera. En cierta medida el acto-idea no tiene un armazón o señalización de indicaciones, la obra está abierta, es un porvenir sin destino, sin autoridad despojada de sí misma, hecha simplemente un punto de fuga lanzada a un horizonte incierto, que espera toparse con otros puntos de fuga. Es allí donde aúlla rizomáticamente, en la forma indefinida, inacabada, siempre dispuesta a toda alteración, a toda intervención, a todo nombramiento singular. Como decía Deleuze: “Los conceptos se definen por su capacidad de resonancia”. No hay nada ni nadie que anticipe el acontecimiento de la sensación; la obra salida como un punto de fuga se define y se dice por sí sola, por su resonancia. Si alguien alguna vez fue una niño sensible, y logra problematizarse con la obra, como ella misma dice, sabrá entender de qué se trata.


 



Libro de artista/
Agostina Quagliardi

Análisis de la obra/
Bernabé de Vinsenci.







La sujeción plena



Dos órganos, dos curvaturas corpóreas semejantes pero a su vez antagónicas. El cuerpo-niño, el cuerpo que deviene vida-desnuda, mistificada, extraña a su propio hábitat: lo biológico insoportable, cuantificado en sus movimientos. No es el hombre más que una constitución orgánica-ajena, cada parte es un todo impuesto desde la eugenésica, por lo tanto la imagen-semejanza, el cuerpo frente al poder queda al desnudo como residuo de un campo al cual no puede escapar.
El púber representa, simboliza el inicio de la metamorfosis, la etapa aún no-mutación y sin embargo convive con los lazos mutantes, con el devenir cuerpo-impropio. En razón el campo tensionado, mantiene a los individuos en un estado misógino, de bipolaridad-exterminio, desmantelado de la relación-corpórea, relación-vida que alguna vez fue. El hombre se vuelve productibilidad eugenésica, un cuerpo insoportable deseante de la auto-destrucción.



Bernabé De Vinsenci





Osvaldo

El vacío es una sacudida ridícula, producto de un campo en entera tensión: la colectividad y sus antípodas significaciones [Una máquina que reproduce, y sujeciona la culpa].  Un puto,-neologismo fascista- , conserva culpa, un recorte en su interior,  es decir, el  vacío. El vacío no radica en sí sobre el puto por lo contrario pertenece a la inmanente categorización: normalización u/o subjetivación social. Al hecho de que el –puto- o-gay- este mal visto,  ordinario, anómalo  para miles de ortodoxos constituidos a base de un poder eugenésico <lo bello es bueno>. Y ortodoxo es un canon de valores que aniquilan a múltiples elecciones, que caducan toda posibilidad: ciertos entrecruces de  acontecimiento singulares. El hecho de objetivar un deseo despierto es un hábito infame que sobrepasa al propio agente-objetivador. Se responde a un jurisdicción política de imperativos: 1)-El  gay-o-puto 2)-Ella lesbiana 3)-El hippie; y así sucesivamente, degastando las palabras hasta llegar a fantasear con nuevas para que las anteriores no  vuelvan a repetirse. En cierto modo se recluta un diccionario categorizador.
Con Osvaldo nos llevábamos suficientemente bien para no sentenciar que nos llevábamos perfectamente a gusto. La primera impresión que tuve frente a su aparición, hizo que lo confundiera con una especie de cerdo huraño. Procuré no acercármele jamás. Era albino y morrudo con voz de ganso y  flatulencias en los santiamenes menos oportunos. Sin embargo, a medida que el tiempo se abría como fluido de acontecimientos e inauditos sucesos, ocurrió todo lo contrario. No podíamos estar un día sin que hayamos ido a recorrer los suburbios en busca de viejas chusmas, las típicas cascarudas corduras. Con ellas entablábamos diálogos y si notábamos que eran verdaderas conservadoras o defensoras de Julio.A. Roca las insultábamos y nos echábamos a correr. “¡Guachos de mierda ya los voy  agarrar!-Gritoneaba una vieja y de súbito tropezaba con el cordón de la vereda. Varios vecinos acudían al hecho al tanto que maldecían a toda una generación. Para ese momento nos perdíamos en algún bulevar, o nos ocultábamos en la estructura de una obra en construcción. Más que pasatiempos de la mocedad eran  diabluras idealistas-utópicas. Considerábamos a estos actos de enfrentarnos como fenómenos anarquistas. Sin arribar a los quince años fumábamos “Benson & hedges” y profesábamos ser espías de un plan subversivo.
Inmediatamente cuando uno entrena la experiencia sobre realidad  [ la desinstitucionalización]  el conjunto de supersticiones-políticas son abatidas y nadie puede volver a recrearlas tal como se mostraban al principio. Cerca de 1933-1938 –en plena década de infame– había terminado trabajando como bibliotecario en una escuela de nombre: “Ezequiel Martínez Estrada” situada al fondo de un pueblito en la provincia de Santa Cruz. Realizaba horarios de corrido y una vez al año gozaba del aguinaldo que reservaba para futuras vacaciones [visitas al mueso de Ciencias Naturales en La Plata]. Eso me bastaba para vivir dignamente.
 De Osvaldo no supe más nada fueron años acumulados sin comunicación. Al finalizar el ciclo lectivo de la secundaria, me había mudado de provincia; tuve que soportar el desarraigo de un nómade. Ayer oportunamente la madre  de Osvaldo me expresó a través de un telegrama, que su hijo había ido a combatir voluntariamente en la Guerra Civil Española: “Osvaldo se nos ha ido a la Guerra (...) ­­­ No tenemos noticias exactas, el dictador Franco prohibió el contacto de los republicanos con el exterior. Quizás cuando todo concluya, dentro de poco, si Osvaldo logra escapar sabremos de él”.  Osvaldo se perdió entre los papeles del tiempo. Su madre nunca volvió a enviarme un telegrama. La Guerra terminó y los de Francos afloraron con su victoria. Obviamente Osvaldo no había podido decirme que sentía afecto por mí. Siempre lo había intuido desde la primera colisión de nuestras palabras.  Para que aquella relación de camaradas durara opté por hacerme el desentendido. Lo prefería así. Cada uno encuadrado en su identidad sexual, en su propio deseo, compartiendo un campo de confrontación de permutación entre dos singularidades. La única diferencia entre Osvaldo fue que él siendo  -marica- decidió ir a la guerra, y yo tan macho elegí por una vida serena y cálida, con domingos y feriados libres. A veces trato de cuestionar que estás peculiaridades son ininteligibles para una sociedad tan patologizada por la terquedad y robusta de coágulos-fascistas.Quizás algún día pueda ir a visitar a Osvaldo en Madrid. ¡Ojalá consiga encontrar el nicho!